lunes, 11 de mayo de 2015

A orillas del mar soñé.


     

       Fueron unos quince minutos de introspección, imaginando estar en la cálida arena de una playa con un mar en calma y cielo claro. Las gaviotas y el rumor de las aguas con sus pequeñas olas son mi sonido mientras poco a poco, voy alejándome del cuerpo para observar y notar con mayor nitidez mis pies hundidos en la arena mojada de la orilla. Es un instante impreciso en el que pierdo toda la noción del tiempo y el espacio, noto una presión que baja desde la nuca por la columna de la espalda, como si el agua me estuviera tragando, introduciéndome bajo la húmeda arena en donde se asientan los pies.


       Estoy fuera de mí, y algo sorprendida de encontrarme en una gruta subterránea. Es lúgubre, no obstante, me parece todo normal, como si el aire que allí respirase fuese saludable. Voy con seguridad hasta un apartado de la misma en la que, un hombre de pelo largo y cano, de avanzada edad, y una joven risueña de cabellos largos trenzados, me están invitando a acercar.


       ─ ¿Qué estoy haciendo aquí? −Les pregunté en tono formal.


       ─Exactamente en donde querías estar ahora. −Contestó la joven.


       Creo que entendí, pero no lo tenía muy claro, algo debía preguntar que me orientase al final de aquel deseado viaje.
       Mi visión fue llevada a otro lado de aquel mausoleo pétreo. Hacia algo tan espectacular que no sé cómo no lo vi primero, puesto que estaba muy cerca de mis dos anfitriones y era un enorme paquete de trastos viejos. Algunas cosas las conocía, entre ellas una vieja y estropeada freidora que guardaba en mi cocina a la espera de no sé qué. Se me ocurrió preguntar.

       ─ ¿Qué son todas esas cosas?

       De nuevo respondió la joven.

       ─ Ya lo ves. Una colección de aspectos a los que tú les diste valor.

       ─ ¿En qué año estamos? –Pregunté para orientarme mejor.

       ─ Es el año 3122. −Esta vez contestó el anciano con cara afable.

       Allí no me sorprendía nada, y proseguí indagando.

       ─ ¿Quién soy en ésta época?

        ─Eres la única superviviente. –Dijo la joven con una sonrisa.

       He decir que me sentí como si fuese importante. Aquella revelación suponía que era una especie de heroína, yo, de toda la humanidad era la única que aún vivía. Al instante me percaté de que también estaría invadida por la soledad más terrible. ¿Con quién iba a convivir?,  tan solo pensé, y seguidamente sin salir de mi mente quise saber, ¿para qué me iban a servir unos trastos estropeados y viejos? La misma joven contestó telepáticamente.

       ─Te has salvado junto a todas las cosas pertenecientes al mundo terrenal  a las que diste un valor personal.

       Utilicé mi voz, a pesar de no hacer falta.

       ─Me deshice de cosas que aquí ahora veo, rehíce mi vestuario y regalé la ropa que no me servía. ¿Cómo es, que han llegado hasta aquí conmigo?

       El anciano me dejó escuchar su mente.

       ─Lo que ves, es lo que simboliza la naturaleza de tus prioridades. Nada de esto existe. En vuestro mundo, tendéis a valorizar las posesiones materiales, a discutir por ellas y a aferraros a los sentimientos que producen el perderlas. Nada de ello es importante, por si solas no significan nada y lo que engendran, es lo que os lleváis por delante.

       Quise saber más.

       ─ ¿Qué debo entender de lo que se me muestra?

       La joven habló.

       ─Ya llegaste a la conclusión hace mucho tiempo. Has venido para recordarla y te sea de utilidad en la realidad de tu presente. Puedes contestar y regresar con la respuesta.

       Y esto fue lo primero que acudió a mí pensar.

       No quiero ser la única superviviente de ninguna época de mis existencias si a cambio, voy a estar sola. Quiero que conmigo se salven todas las personas que amo, que aprecio y que conozco, que sigan viviendo animales y todas las cosas que nos sirvan para ir cocreando entre todos un nuevo mundo de esperanza. Quisiera salvarme con el mundo entero y con todo aquello sustentado por el amor. ¿De qué me iba a servir ser la única superviviente, si cerca de mí no iba a haber nada ni nadie con lo que poder sobrevivir?   

       ─ ¿Cómo puedo variar este resultado? Exactamente no sé cómo integrar este mensaje.  –Quise conocer, y el anciano me explicó.

       ─Ama a todas las personas que conoces, con respeto y el criterio justo para con sus opiniones. No fuerces a nadie a quedarte contigo y da libertad de elegir sin poner condición. Tampoco te aferres a cosas materiales. Da, siempre da, de ti misma y de todas las posesiones. Suelta el apego y recibe la bendición de todas tus obras. Deja al margen de tu persona a la ira, y cualquier menoscabo a la integridad del espíritu. 

       ─Pero yo amo, y también entrego. –Dije con sinceridad.

       La joven continuó.

       ─ Depón las creencias y los patrones preestablecidos.  No pienses que algo te faltará, el Universo está lleno de detalles y recuerdos para que puedas compartirlos. Si das vacío, hallarás vacío. Sé generosa con la vida y ésta, te seguirá allá donde te encamines.

       Tras una pausa, prosiguió.

       ─Quieres saber, que lo que aquí ves, representa aspectos del ego por los que has sido cautivada. Nunca serás la única superviviente si tu corazón, está unido a otro. ¿Para qué ibas a querer vivir sola?

       Luego, […] Me llevaron a la profundidad del océano.    

 
Mila Gomez.