viernes, 22 de mayo de 2015

Espectáculo de luces y sonidos




   En los soplos de ocio contemplar extensiones silvestres jalonadas de expresiones vivaces y exóticas, permiten limpiar las áreas ásperas adheridas en mi campo áurico, volviendo a sentir espacios aquietados y negados. En la montaña creo que puedo leer mi camino a la vez que avanzo por las rocas, por los enraizados pinares y por un batiburrillo de brotes menudos con florecillas de colores. Inspiro las erupciones de la tierra y el sonido del movimiento que trae los aires. Extiendo la vista hasta despuntar alguna estrella y persigo el vuelo de los buitres y águilas para recordar, que puedo llegar tan alto como ellos dentro de mi hábitat. Pienso, que el ojo humano está capacitado para integrar la belleza que la Naturaleza con sus paisajes regala. 

En el himpas de la duermevela un atisbo en mí, quiere volver a recorrer el mismo espectáculo, verlo  con otros ojos, con los que no pertenecen al cuerpo. Sucumbo al saludable despliegue de las células hasta verme como quería. Voy al mismo lugar que me ayudó a despojarme de impurezas y me recreo y experimento el secreto de la vida. La Tierra me parece un hermoso planeta y me fundo con sus aromas para que ella también pueda aspirar de mí y sepa, que estoy de su lado y la comprendo.

Esta vez viene a compartir conmigo tan singular unión mi querido Guía Francisco. Ha aparecido entre las luces de las piedras y los flases coloreados de los árboles. Llega hasta mí dejando tras su paso un halo acolchado de luz blanca, el amor que inspira sigue siendo contagioso y sonrío con gratitud. Es una ocasión que sabe, necesito su inmaculada cortesía para orientarme mejor en mi sueño como humano. 

Los escenarios de la montaña cambian sin yo notar los movimientos. Pilares de luz van descendiendo a la vez que me elevo sin llegar a ver sus principios. Tengo la sensación de conocer que los pilares de luz son energía destinada a la Tierra. Cada uno proyecta una coreografía perfecta de luz y sonido, es como si la misma luz tuviera capacidad de expresarse en un lenguaje y que de alguna forma, muy en nuestro fondo, podemos entender por ser igualmente creados con los mismos caracteres.      
 
Francisco indica de entrar en una de las columnas, y siento que se desvanece hasta el recuerdo biológico que al despertar volvería a identificarme. No posee nombre lo que experimento, es como si fuese tan transparente que a través de mí pasa la energía de los colores, las estrellas y los soles. Empiezo a girar sobre mí como si fuera un bucle de cabello, y absorbo igual que una esponja información procedente de algún ancestro luminoso. Al detenerse el generador por el que gratamente fui poseído, un espeso contraste de nuestro mundo me hace verlo triste y apagado, ¿tanto nos condiciona un cuerpo? ¿Acaso nada hay allí abajo que nos devuelva la percepción de lo que somos? ¿Cómo es, que seguimos viviendo en una dimensión tan densa? Detengo ese pensar absurdo, que tan mínimamente cruzó por la mente y resonó en todo el Universo. Tan solo había distinguido una parte del mundo que yo veía desde la perspectiva de un cuerpo.

Francisco tiene el rostro afable, va  a contestarme pronto, sin embargo, en estos momentos felices poco importa nada, salvo cuando regrese a la noria de mi circo, allí abajo, en ese mundo que hemos creado con más esfuerzo que alegría y que al fin y al cabo, es una obra grandiosa en la que hemos participado todos. Un regalo mutuo que nos ha costado entregar y que ahora disfrutamos juntos, apenas un grano de arena entregamos y recibimos en compensación los granos del resto. Somos inmensamente ricos y poderosos. Desde aquí arriba, que no es arriba porque puedo abarcar más parámetros, el mundo en el que vivo me parece una auténtica maravilla, y no entiendo, ni una de las quejas a las que le sometemos. A todo este raciocinio, tan fugaz como el sonido de una gota de agua, Francisco no me respondería, de momento no era relevante sacar conclusiones de mis pareceres. 
 
Hoja del diario de;  "Un viajero en el tiempo"
Mila Gomez