miércoles, 5 de agosto de 2015

El aroma de la noche




Vivo en un pueblo muy pequeño, y a no ser que haya alguna fiesta, a las cuatro de la madrugada el silencio es total, descontando los naturales sonidos de la noche. 

La paz se transpira y aprovechando mi insomnio decido salir a la terraza, a refrescarme la cara contemplando el Firmamento, hoy con su luna llena.  

Primero otee el paisaje cercano desde una posición elevada, abajo  con sus jardines, huertos y un cuadradito con casas de poca altura y asimetría.  Y como es habitual en los pueblos, la silueta de una iglesia sobresale por todas las demás. El pueblo iluminado por unas cuantas farolas y el fulgor de la luna. En definitiva, un pedacito de tierra viva dentro de la Tierra.  
 
Alzo los ojos a ese Cielo estrellado y busco a la esfera colgante que tanta intriga ocasiona. La luna, hoy la veo muy hermosa, tiene un aura entre azulada y gris, y por su lado pasan vetas haladas de nubes. Parcialmente el cielo está igual, y la vía láctea casi se confunde con las vetas. Las estrellas me dan la sensación de estar dispersas, y todo tiene cariz de neutral, de lo más amigable y familiar. 
 
Voy desviando la vista de uno a otro lado por el contorno celestial, hasta toparme con las montañas que rodean al pueblo, y me doy cuenta que lo que veo es similar a una cúpula, un medio arco con luces colgantes y una redonda y brillante luna, todo, en un entorno etéreo y respirable.  
 
Pude imaginar, otra cúpula igual debajo de mis pies, las dos unidas. ¡Estaba dentro de una bola inmensa!!!! 
 
Y sentí, que una claridad muy grande se apoderaba de mí.
 
Allí estaba yo, en un pequeñísimo trozo del espacio universal. Suspendida y sostenida por una fuerza inexplicable que hace rodar todo el sistema. Es el aire que estoy respirando, en esta atmósfera que va enviando vida para la sustentación de todo un planeta. 
 
Y estoy sintiéndome dentro de un globo terráqueo, un Universo conocido que a la vez, está siendo sostenido en el espacio por otro Universo, un gran desconocido. Y los dos están dentro de un espacio que corresponde a la nada, al infinito, a la inmensidad de la palabra.
 
Y yo seguía allí, imaginando la grandeza del Infinito y percibiéndome tan pequeña como un microbio y tan valiosa como una vida. E imaginé, que cuando tuviera que partir de aquí, traspasaría todas las esferas celestiales y llegaría a la nada, me fundiría con el Infinito y sería consciente DEL TODO.
 
Mila Gomez.