sábado, 26 de septiembre de 2015

La Silla del Perdón.






Lúcido;
        Despierto en un plano rayano al físico, en un valle con  frondosos hayedos de una ladera. Varios ramilletes de caminos con suelos tapizados de hojas otoñales crujientes. Con un trasfondo de cadenciosas dicciones que un arroyo cercano, interpreta junto a la atropellada sinfonía de los mirlos y el flirteo de las oropéndolas. A lo lejos, ladera abajo una pareja de cabra montesa desprende partículas de roca con sus cabriolas.

        Por uno de los mullidos caminos se perfilan siluetas de personas que voy reconociendo. Son María y un matrimonio amigo común, unos pasos atrás les sigue la gatita de María. Compruebo que los puede ver y seguir, a diferencia de ellos que no dan muestras de haber reparado en su tierna compañía.
        Están dentro de mi sueño pero en un estado mucho menos lúcido, la única de ellos que sabe dónde y para qué está allí es la felina, en las brumas de una nube con la atención en su presta ayuda y sin dejar de observar a María, que no llegará a notar su presencia en este fantástico viaje.
        El estado en el que se encuentran, les permitirá al despertar retener recuerdos con matices de claridad, aunque bastante borroso e increíble el contexto del sueño.
        Al llegar hasta mí, se expresan a través de aquella que no se le ha olvidado nada; Su Alma. 

Pasado; 
        En la época de Lagunas [siglo XVIII.] María, Rosa y Ramón, conocieron a alguien que desde entonces no ha vuelto a estar entre nosotros. Se trata de Paco, fue padre de Rosa y para los tres, la relación con él tuvo carices importantes.

Rosa me contó;  
       Que su padre y ella trabajaban para y en la casa de Ramón, familiar éste de María. Al enviudar y perder al hijo en el mismo día cuando su esposa lo alumbraba, Ramón se vino abajo  perdiendo la alegría y cualquier motivación por los negocios. Rosa se esmeró en atenderlo a fin de que al menos, tomara alimento. En su debilidad y desgana por la vida, Ramón acogió de buen agrado los cuidados de la fiel sirvienta, arrimando su hombro a las palabras apaciguadoras de Rosa, que secretamente enamorada del amo, como se decía entonces, y viendo una posibilidad de ser correspondida, se atrevió no solo a confesar, se atrevió en su timidez a demostrarle su amor, del todo sincero y sin ninguna pretensión.
        
         Fue el gran alivio para Ramón, que acogió ese amor como si le hubiera pertenecido de siempre.
        
        Al acecho de las nuevas noticias para presumir y criticar estaba un séquito de servidumbre, y pronto el padre de Rosa se enteró del idilio. 
        Paco al enterarse, vio peligrar su honor y manutención, estaba convencido que amo y sirvienta vivían en diferentes mundos, que su hija se hubiese atrevido a cruzar el umbral de la diferencia era algo inadmisible para él. Bofetadas y algún correazo recibieron Rosa, su madre y hermanos que favorecían la relación. No hubo forma humana de hacerle entrar en razón, no concebía ese amor tan dispare y su agresividad en la cuestión, alcanzó cotas imprevistas.
        Al final recluyó a Rosa en un convento, dando de ese modo zanjado el problema. Ramón, queriéndola, se conformó creyendo que fue la soledad por la muerte de la esposa e hijo, que le hizo sucumbir a la blancura de sus brazos y consoladoras conversaciones.
        María, tan cercana y complaciente por la felicidad de su primo, tampoco hizo nada por ayudar a la joven sirvienta, quería a Ramón, y también ella creyó que era lo mejor que podía pasarle, y animó con firme determinación. Alabó la decisión de Paco convenciendo fácilmente a Ramón, que se conformó y pronto olvidó. 

Consecuencias; 
        Han pasado casi dos siglos y alguna vida para que Ramón y Rosa se re-encuentren, están casados y son felices y el alma de Rosa ha perdonado al que fue su padre, quiere que lo sepa y se perdone a sí mismo. Ramón y María comparten y la acompañan en su petición, los dos pudieron cambiar aquella ingrata circunstancia en la que la pareja se vio afectada. Fue más fácil cobijarse en el qué dirán, en sus intereses sociales y en la disparidad educacional. No vieron lo que el amor les mostraba, ni supieron hacérselo ver a Paco, con lo cual adolecieron su culpa por haber enviado a su hija al convento, agravando su mal carácter y violencia en la posterioridad para con el resto de la familia, a la cual de alguna manera, trasladó su mal hacer. En cierta forma, Paco estaba viviendo su particular infierno dentro de su realidad.

Solución; 
        El perdón, venido de la mano del amor, es el antídoto para cualquier sufrimiento. El alma de Rosa precisa de mi colaboración para poder hacérselo llegar a Paco, y así, este padre se pueda liberar.
        Yo también le conocí, y se moverme por estos pasajes del Cosmos. Me congratula cooperar para el bien de toda una extensa familia si a mí, me lo permiten. 

Petición; 
        Tras finalizar el diálogo y mi petición a los Guías, los cuatro han desaparecido de mi campo visual, y comienzo a percibir una claridad de los hechos pasados como si los reviviera por ellos. 

Y seguidamente. 
        Soy guiado por una voz que habla y no distingo su fuente, el caso es, que no sabía si esa voz fluía desde dentro de mi hacía afuera o a la inversa, es una sensación extrañamente placentera en la que las dos ideas eran por igual aceptables y buenas.

        Con cada fonética veía formarse notas musicales de suaves y lucientes colores a mi alrededor, pequeñas y de otros tamaños. Sentía una amorosa protección de compañía. Hubo un momento en que las notas musicales se fusionaron en una gran espiral blanquísima, desapareciendo por los filamentos de unas nubes colgantes.
        Veo una enorme puerta cuadrada, de doble hoja color marengo. El  friso derecho tiene en su centro una ostentosa y magnífica serigrafía de una caracola de mar, en el otro hay forjados una banda de balaustres labrados en plata. La exótica puerta tapona la entrada de un cerro árido de un color aceitunado.

        La abro y entro. Me parece que todo se vuelve de un realismo conocido.

        La penumbra está atenuada por refulgencias de un fondo que no vislumbro. Voy caminando por un pasillo largo y estrecho hasta situarme en la antesala de un profundo foso de incalculable amplitud, escasamente iluminado por teas de brea pendidas en las arenosas y pétreas paredes, en las que también se columpian arañas en sus telas.
        Hay un silencio espectral mecido por un asfixiante tufo apergaminado indescriptible.

        Para llegar al fondo de aquel  cubil primeramente desciendo por unas escaleras sujetas por el vacío, muy empinadas.  Pisado el último escalón sigue un angosto puente largo, oscilante y de estabilidad viscosa, una especie de pasarela sin punto de apoyo y termina en la mitad  del foso.
        Cruzando el puente observo abajo una umbría plataforma  gigantesca, con fuegos a tierra y gruesos troncos encendidos y dispersados. Hacinados no sabría precisar, los cientos o miles de penados alojados en aquel lugar infernal. Algunos se han percatado de mi presencia y alzan sus manos, estirando los brazos en vanos intentos de tocarme. Recibo insultos, piropos y propuestas de todo tipo.

        Por estos subterfugios mentales ya he pasado otras veces, algunas aterrorizado, ahora esos tiempos ya quedaron atrás.

        Continúo con la fe que me otorga capaz de cumplir, con el encargo de encontrar a un alma presa para entregarle un mensaje de perdón y amor de la que fuera su hija.

        Llego al final de la pasarela que acaba bruscamente para continuar bajando por otras escaleras, igual de inclinadas que las utilizadas para subir. El recorrido que he hecho tiene forma de cuatro. 
ϟ
        Yo voy a llamar a éste recinto, La silla del perdón.
        
        Hay demasiada densidad aquí, todo tiene aspecto físico de un deplorable estado, tan nauseabundo que puede fácilmente provocar arcadas.
        Un coso infernal, escalofriante y sobrenatural, más demoníaco que cualquier película del tema que haya podido ver jamás.
        La mayoría ni me ven ni presienten, otros huyen despavoridos  al cegarles la luz que me guía. Uno de estos es Paco, el padre de Rosa, empieza a discernir la luz de la oscuridad y escuchará su nombre cuando lo pronuncie.

        Algo de lo mucho inconcebible que presencié fue lo siguiente.
        Hay un habitáculo cuadrado, construido por bloques de piedra, cerrado, techado y aislado. Lo traspaso, el suelo está encharcado con aguas residuales, un joven ataviado de templario lo recorre sin cesar de una punta a la otra dándose cabezazos cada vez que llega al muro, ensimismado en sus reiteradas palabras, los templarios volverán. A su lado, un anciano montado en un caballo blanco sale y entra constantemente atravesando el muro. Ninguno de los dos se percata del otro. 

        Al salir, veo una cabeza en carne viva, sin cabellera, pertenece a una niña. Una mujer le coloca una hermosa peluca con flores, la niña sonríe, está contenta, la mujer, con delicadeza coge con sus manos la cabeza y la pone en un cubo con agua, los cabellos de la peluca parecen nadar y las flores cubren el rostro de la pequeña que, pronuncia unas palabras en tono alegre, sólo vives hoy, sólo existe el día de hoy, sé feliz, mañana no sabemos si existiremos.       

        La niña es una proyección de la mujer que la está lavando la cabeza, es una pesada culpa de algo atroz e irracional acontecido en alguna de sus vidas físicas, provocándole un estado de perpetuo encarcelamiento. 
        Aguarda  su propia liberación amparada en el significado de una frase pronunciada para ella, siendo la misma, transmisora de un esperanzado perdón que se ha de conceder cuando lo reconozca en el amor.

        Doy sonido a mis pensamientos, a la espera de ser escuchado por aquel que me espera en éste justo momento.   
        No ha sido larga la frase cuando el alma que vine a buscar está a mi lado, de último nombre Paco. Acepta el perdón, y antes de llevarlo a Presencia de  Hermanos de Luz que le orientarán para su próxima encarnación, lo llevo al encuentro de los seres queridos conocidos en Lagunas. Abraza a su hija Rosa, a Ramón y a María. Todo es muy emotivo. 

Castigo y liberación; 
        A partir de dejar aquel cuerpo de nombre Paco, se recluyó por todos los actos violentos que creía haber cometido en aquel infierno. Para todo, el perdón es vital, y Paco no se había perdonado el daño que causó a su familia. Había condenado a su hija a vivir sin el amor por ella elegido. Paco al morir, escogió el lugar para vivir su propia condena, en condición al castigo que creía merecer al sentirse tan culpable. Y con el castigo seguiría, si no llega a aceptar el perdón de su hija entregado con amor. 

El infierno solo existe para aquel que cree en él. 

Hoja del diario de, "Un Viajero en el tiempo"
Mila Gomez.