jueves, 8 de octubre de 2015

Madre





    Mi madre. 
   Esa mujer que con el pasar de los años ha quedado pequeña y algo encorvada.

   Resulta que después de estar casi toda la vida separadas en la distancia, la vida ha decidido por un bien común, conocernos mejor en la vejez junto a la madurez. 

   Nunca estuvimos de acuerdo en pedir la opción, sin embargo, hemos propuesto darnos una razón para estar unidas en esta última etapa de la carrera, decisión asumida en la inconsciencia o en una parte de la razón.

   Ya un año juntas y una de las dos cumplió ¡noventa y uno!, y es ahora que comienzo a distinguir aquellas razones que mi corazón, entonces, no supo detectar. 

   Esos, sus aspectos que me desagradaban, se han ido limando en base a vérmelos en mí. He ido aceptándolos, y perdonándolos a medida que los descubría. Arduo el proceso y aún sigo estudiando la emoción en la que deba trabajar para eliminar. 

   La mente está más serena y surge con mayor facilidad la  complicidad de las cosas, de todo en general. No obstante, en el hemisferio izquierdo del cerebro en donde se genera la parte lógica, me advierte de que algo sigue sin cuadrar. 

   No poseo la suficiente claridad para conocer mis puntos débiles a través de ella, mi madre, y sigo teniendo tibios conflictos conmigo misma. Los números fallan. 

   Me pregunto, ¿Por qué y para qué estamos juntas cuando siempre estuvimos bien, separadas? Y sobre todo, ¿Qué es lo que tengo que aprender de esta experiencia?  ¿Qué muestra que deba cambiar en mí, para que me sienta liberada de una "supuesta carga ilógica" y acoja la experiencia como un aporte evolutivo?

   Si alguien permanece a nuestro lado con tan avanzada edad, doy por seguro que aún le queda algo que mostrarle a la vida. Una parte va dirigida a mí, algo tengo que aprender en esta escuela de las experiencias en la que constantemente, surgen asignaturas por evaluar.  

   Nadie pasa al otro lado si va con tareas pendientes, y en determinado momento de la historia todos pasamos a ser maestros de alguien. Mi madre se ha convertido en la mejor profesora de varias asignaturas. Y el aprendizaje es un beneficio mutuo. 

   En la parte del hemisferio derecho del cerebro, la que une a, El Todo, la que sueña y emociona, me ha dejado unas pistas claras con las que poder jugar con más atino. 

   Ella es de algún modo el reflejo de lo que he sido, de lo que sigo siendo y de lo que probablemente quedará inscrito en mi ADN. Nací de ella, y seguramente en algún plano del Universo las dos decidimos pasar por una misma aventura. Para aprender la una de la otra lo que más necesitábamos saber. Voy a confiar.

   Sea cual sea la relación de ahora, ésta madre siempre tuvo un momento para mí. Yo jamás fui considerada una carga, solo la alegría de haber sido bien recibida. De la boca hubiera salido su comida si yo se la prefería, eso entre otras muchas cosas. Buscando duro, unas perspectivas para su hija mejores a las que ella tuvo. Mis sueños fueron velados por sus desvelos en las ocasiones de delirios, y yo era la primera en recibir sus bendiciones y también, cuando adolescente me perdía en las horas de la noche, la encontraba esperándome con una sonrisa. 


¿Qué me muestras madre?

   Que aunque ahora digas que ya no vales para nada, sigues siendo útil, tu misión para conmigo está dando los frutos esperados en su exacto momento. Gracias al haber tenido un temperamento tan dadivoso y confiado para conmigo, ahora disfruto de una buena calidad de vida. Continúas enseñándome aspectos escondidos que yo necesitaba aprender, y gracias a esa peculiar manera de encajar los reversos de la vida, conocí a la persona que me hace inmensamente feliz. Formé un hogar en tu ejemplo más respetuoso y por saber cuidarme, ahora sé cuidarte a ti. 

   Estamos construyendo un puente que nos permite avanzar con ligereza, sin cargas emocionales y preparadas para pasar a otro nivel superior en la escuela.  

   Te quiero madre, y ojalá que cuando dejemos el hermoso cuerpo que nos ha guiado desde su forma, no quede pendiente entre ambas más que un bello recuerdo para la eternidad. 

Dedicado a todas las madres que a su manera, nos dieron lo mejor de ellas.

Mila Gomez.







Fotografía de Internet.