martes, 17 de noviembre de 2015

Reencontrados


Cuarta y presente vida de María















Y lo supe.



     Desperté de sueños y visiones, durante un buen trecho del camino vagué por los recónditos entresijos de mi subconsciente. Ahora todo tiene la textura de mi realidad actual. Otro cuerpo y edad a punto de completar una parte de la experiencia, enamorado y al lado de la tan amada María. Por cuarta vez unidos por el amor, en ésta ocasión de vida capaz los dos, de superar las pruebas que nos puedan querer separar, liberando temores y limando asperezas. La diferencia es, que por haber sido respondido a tantas preguntas pasadas, se me ha otorgado  licencia de obrar con más consciencia. 

     Cuando, en un año del pasado siglo empecé a buscar el recuerdo de María, éste apareció en dos formas femeninas parecidas en físico al que tenía la María de mis otras vidas. Sin embargo, enseguida el instinto me sugirió buscar otro aspecto que fuese más llamativo a mi recuerdo memorial. Y la encontré, y lo supe al conocer en ella similar carácter serio y de liderazgo. 

     Por entonces los dos estábamos comprometidos con otras personas, yo a punto de casarme,  ella creyendo estar enamorada de un hombre  similar en el físico que recordaba en mi anterior físico. Antes de fundir y compartir nuestros secretos amatorios, los dos rompimos con las relaciones que nos habían confundido.  Éramos libres para amarnos sin mediar nada ni nadie. 

     Nos habíamos encontrado y María también intuyó, que estábamos destinados a estar unidos por un verdadero amor. El proceso de adaptación fue corto, y nos amamos con la seguridad de quién ha encontrado lo que se dice, su media naranja. Aquella tan anhelada que parece no llegar nunca. 

     María en esta ocasión nada tenía que ver con riquezas o poderes. Nació en familia humilde, de las que entre unos y otros se ayudan para salir adelante. Era la primera vez que María volvía a la Tierra con tanta sencillez, a raíz de haber aprendido la lección del desapego  en su anterior peregrinar.  No del todo suelto, pero si mucho resuelto. 

     En un punto, la vida nos puso a prueba otorgándonos dificultades, había llegado la hora de enfrentarnos al destino tomando una decisión. De la folklórica y bella ciudad nos trasladamos a Lagunas, fue pura intuición lo que nos trajo a éste pequeño espacio, un pueblo marcado en tinta por una memoria colectiva de los que aquí viven, y de los que hemos vuelto para vivir y reencontrarnos con los demás.

     Yo sabía (en letras menudas), quién había sido  para mí en otros tiempos del recuerdo, ella nada sabía excepto su parca intuición. Teníamos una  misión conjunta. Corregir errores principalmente de aquella vida en la que yo fui un capataz y ella la señora de la hacienda. Una vida en la que los dos vivimos como la ira y la venganza se ensañaron con los corazones de muchas gentes. Y con el nuestro, que sangró de dolor.  


     En mis vuelos nocturnos por las realidades de otros momentos vividos, solo, o con la compañía del Guía Francisco,  fui sonsacando al Universo detalles que me pudieran ayudar a solventar tantos malentendidos.  En el aire fluctuaban las malsanas energías que creamos entre todos, y se enredan y camuflan en las nuestras del presente. María seguía sin saber y los comienzos con los nuevos vecinos la alteraron en demasía, la volvieron irritable y quería marchar, por otro lado decía tener la certeza de que aquel era su lugar.

     En lo primero que se fijó fue en una enorme casa de las afueras, rodeada por vallas y dentro con muchos arbustos y vegetales.  Una casa solitaria en la que no vivían más que fantasmas. Una casa desmantelada por dentro, saqueada de sus riquezas y que sus actuales propietarios, desde la ciudad en donde vivían la custodiaban para que no se viniera abajo. Todo el contorno de la hacienda era lúgubre y misterioso, aún conserva las esculturas que yo ayudé a construir junto a mi amigo. 

     Cuando María vio la casa quedó prendada en ella, se obsesionó tanto que en sueños la visitaba, de allí salía corriendo al ser perseguida por los espíritus atrapados que la habitaban, debido a los maleficios que allí se practicaron. Por el día repetía que aquella casa le pertenecía, era suya y la quería comprar.  Pregunté para tranquilizar su ansia, ni la vendían ni hubiéramos tenido el dinero necesario. Aún sus descendientes seguían teniendo apego a las opulencias. Se conformó, pero siguió visitándola en sueños hasta que se asustó de verdad y dejó de acudir. Ya no la quería. ¿Qué mejor prueba?, cuando le dije la verdad sobre la casa. Allí estaba su gran mansión, y muchas otras propiedades añejas, burlándose de todas las Almas que dan el amor por una fachada.

     Nuestro trabajo en el pueblo de Lagunas  más mi carácter extravertido y el serio de María, eran conocidos y nos tocó servirles de alguna manera,  esa era la finalidad, invertir los papeles de la otra vida con algunos de ellos, adaptados  a la actual época. María lo llevó fatal al principio al no comprender lo que le pasaba, pero su destino lo realizaba con dedicación y comprometida.  En Lagunas estaban casi todos los que fueron sus obreros, la mayor parte del pueblo, entre ellos mis hermanos, que a todos los tengo aquí de nuevo, ocho exactamente. María tiene aquí a sus dos hermanas de entonces, también a quienes fueron amistades de su rango. Y muy lentamente y con paso firme, se ha ganado el respeto de todos a los que de alguna manera, hirió entonces y se sintió herida. 

     Chispas saltaron dentro de María cuando conoció al que fuera esposo, aquel hombre débil que la maltrató y al que  engañó prefiriendo mi amor de capataz.  Al verse sentían desconcierto y se rehuían la mirada. Yo lo sabía y sonreía para mis adentros cuando María, muy perspicaz, me decía que con ese hombre sentía una conexión espiritual.  Entre los dos hay una brecha porque él continúa sin perdonarla, y en cuanto a mí, ya no somos rivales pero procura esquivarme, igual que a María la mirada.

     Están en Lagunas el escudero y posterior novio de María, y aquella mujer, Inés, que dejé sin despedida cuando Templario. Los cuatro nos llevamos bien. 

     A la cita no podía faltar Marcela, coincidente con los dos en cuatro vidas. María y ella seguían teniendo rivalidad interna, sin sospechar. Nos tocó convivir los tres una larga temporada hasta que las dos mujeres se vieron como amigas.  Marcela volvió a enamorarse de mí, pero al comprender que amaba a María se retiró estoicamente. También el mujeriego esposo, en ésta vida hizo amago de conquistar a María, pero me temía y se alejó. Ella ya sabía quién era él, en su anterior vida, y reía conmigo de las sutiles coincidencias que te da la vida. 

     Con paciencia y cariño nos hemos acercado no solo a la clase social alta, conocida por María en aquellos vetustos paisajes, amigos o familiares, también a la llamada clase proletaria. Hemos compartido mesa y charla con todas las clases sociales que fueron o son ahora. De igual a igual, sin bienes ni discriminaciones, de  esta manera los dos nos hemos sentados junto al que fuera esposo, suegro, hermanas, cuñados, primos o de la nobleza, y también del mismo gusto, con toda clase de jornaleros. Y María sabe estar con ellos sin sentir diferencias. De lo más natural. Y todos poseemos la misma Alma de antes y siempre, en diferente cuerpo y habilidades. Y el Alma de María se siente más ligera por haber hecho las paces.  

     Nuestra situación económica es normal, ni falta ni sobra, y María ya comprendió y aceptó el hecho de haber sido muy rica en dinero y pobre en amor.  Ahora tenía el amor de lo que más le importaba, aquello que nunca se puede comprar. Estaba contenta y seguía aprendiendo de su intuición. 

     En una ocasión alguien me dijo, que hay Almas cuyo espíritu realiza mejor su misión si hay mucha abundancia por medio. Son personas terrenales que necesitan verse ricas en dinero para ser más espirituales. Y María  era una de ellas. Cuando en sus otras vidas gozó de tanta riqueza, no supo administrarla, se quedó demasiado para ella y en consecuencia, se encadenó a una pobreza.  Ahora vuelve a necesitar la riqueza para hacer mejor repartición y librarse de la miseria. Ser más generosa para completar su obra. 

     Estamos en un punto neutro, físicamente solo podemos tentar a la suerte divina. 

     Yo soy aquel que cuando Maestre Templario, y cuando capataz, si yo hubiera sido un rico heredero, María se hubiera venido conmigo y entregado su amor, nada material la hubiera retenido. En esta vida cuarta, María me ha elegido tal cual soy. Sin saber si le voy a ofrecer todo lo que necesita para vivir una buena experiencia terrenal. A elegido el amor sin dudar.  

     Y por haberlo hecho y yo conseguido, puesto que el Alma de María necesita de lujos y la vida la quiere compensar, acudió a ésta peculiar cita de reencontrados, un familiar mío, anciano soltero, que en su testamento me dejó antes de morir una suculenta herencia. Este hombre casi desconocido, en una de las pasadas vidas ha sido antepasado de María. ¡Grandísima Coincidencia y Suerte!

     Ahora puedo ofrecer a María todo cuanto haya podido soñar en esta vida. El amor que ya poseía y todo lo demás. 

     María recuperó toda su fortuna a través de ella misma y con mi ayuda. En su cuarta experiencia de vida en la que consiguió discernir entre el valor de los dineros y el amor. Y procedía con naturalidad y paciencia al regalo que la vida le enviaba. Practicar la lección del
Desapego″.

FIN.
Próxima entrega, Reflexión sobre las vidas de María.
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Hoja del diario de; "Un viajero en el tiempo"


Mila Gomez.

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Segunda vida Clica Aquí
Tercera vida  Clica Aquí

Gracias por haber llegado hasta aquí, y ojalá, te haya gustado las historias de María y su valiente enamorado.