viernes, 11 de diciembre de 2015

Caja de Pandora





   Hubo un momento que pareció abrirse la caja de Pandora, una redonda y orlada con cuentas plateadas en su centro. Alojada en un lugar secreto en donde deposito mis recuerdos. 

   De allí salió de todo, la caja de Pandora contenía risas y desdichas que di y recogí a partes iguales, o no tanto, en comunión con personas que conocí. 

   Reviví  ¡gracias!,  que di con sinceridad,  ayudas que presté y caras que iluminé con palabras de afecto. También reviví la cara afable que me regalaron. Una dadivosa entrega. Muchos de nuestros días están plagados de  sonrisas. 

   Reviví después, escenas en las que mi proceder "pudo" haber provocado ira o recelo, u otro nefasto malestar, a causa de no haber encajado bien en el otro mi falta de tacto o usar palabras inapropiadas para la ocasión, o por aquellos pensamientos que alejan de la buena obra. Y, en su otra versión, las sufrí en carnes. Somos sensibles y, ¿Quién no comete errores?

   En definitiva pensé, tras haber vaciado la caja de Pandora tanto como quiso abrirse, y que recuerdos estuvieron encima de la mesa mental, sopesé que tanto los recuerdos bondadosos como los malsanos, estaban casi a la par.

   Los coloqué en la balanza de mi eje y allí descubrí que tuve más recuerdos buenos que malos, sin embargó también comprobé, que pesaban más éstos que los buenos. 

   Y sentí, que los actos que me dañaron los llevaba dignamente y ya no causaban pesar, excepto en el recuerdo para aceptarlos, sin embargo, aquellos fallos que "creía" haber cometido con mis semejantes, se quedaron conmigo causándome perturbación, eran parte de la carga que sostenía mi piel y corazón. ¡Eso era lo que pesaba!, razoné, que  siempre sería más llevadera la carga si el daño me lo hiciesen a mí; porque nadie daña a nadie sin que le cueste un fuerte dolor, aun más que el del adversario.  Eso a veces lo muestra la caja de Pandora. Y  yo quería ser sana. 

   Y entendiendo este dilema mío, la caja de Pandora me mostró otras sutilezas de esas mal llevadas deformaciones.

   Reviví con más intensidad, veces que supe querer y hacer reír compartiendo la buena dicha, pura felicidad. Darme cuenta de que en mi imperfección, también se encuentra la perfección de las cosas, puesto que yo no sé si le hice un daño o un favor llamándole idiota; fuera posible haberle dado una buena lección.  

   Mi condición humana siente la oportunidad de combatir y darle la vuelta a la tortilla;  adquirir el hábito diario de ofrecer muestras gratificantes llevaría el tiempo que me propusiese yo. "Haz el bien y no mires a quién" ¿Cuánto vale una sonrisa o un aprecio? ¿Y cuánto cuesta entregarlo de verdad? A partir de ahí, ese saco imaginariamente sólido pendido en lo alto de la espalada, empezaría a caer por su propio peso y haría sentirme liviana. Esa famosa mochila que hace cosquillas, y según a quien, pesa más en unos que en otros. 

   Concluí, que proferir una ofensa por venganza, orgullo o desatino, mermaba las defensas dejando vulnerable para que la salud perjudicase, simplemente me dije; vive a tu santa manera sin dar excesiva importancia a las cosas. Todo suma y pasa. 



Mila Gomez



Todo 
pasa y todo 
vuelve, eternamente
gira la rueda 
del ser. Todo
muere, todo
reflorece; eternamente
se edifica la 
morada del Ser.

"Friedrich Nietzsche"



Imagen de internet.