miércoles, 27 de mayo de 2015

ELVIRA



Me encontraba en un dominio astral sonsacando al Universo cuando apareció ella, Elvira. Una figura de luz inmensamente hermosa, ¡tanto!, que me conmovió, y para lo cual no cuento calificativo que pueda igualar lo que irradiaba. A Elvira la conocí siendo ella hombre, en un pueblo llamado Labora, dos siglos atrás, en la actual, poco coincidimos, se fue de nuestro lado hace unos años, siendo niña. Aprobó todas las lecciones que la escuela de la vida le propuso aprender. Con una voz y sonrisa que me pareció sacadas de las mismas estrellas, relató.




   

      Los padres que dejé continúan sufriendo mi pérdida, les visito a menudo y les hablo y abrazo en sus sueños. Ellos creen que me perdieron para siempre, sin embargo, es ahora cuando en verdad cuentan conmigo. Con cada muestra de cariño que recibí me iluminaron avanzando juntos hasta las puertas del cielo. No sienten que fuera así, se preguntan si pudieron hacer algo más por mí. Hay una culpa inmerecida. Me apena no poder decirles que los tres evolucionamos cada uno dentro de su frecuencia amorosa. El amor con el que fui despedida ha sido mi regalo para que vivan felices. Sé de ellos en todo momento, mi madre ha sentido mi presencia alguna vez, duda de su tacto sensorial y acalla sus propias voces. Mi padre no sabe que sigo existiendo más allá de su corazón y mente, que soy y seré parte de su continuidad y nada podrá separarnos, y que seré yo, quien les venga a recibir cuando nada tengan que decirle a la vida que conocen.

     La historia que compartimos,  se remonta a dos vidas atrás de ellos, entonces fui hombre y al que conocí mejor fue a mi padre, de nombre Nicolás. En cuanto a mi madre, conocía su nombre y un vago aspecto de su figura con el uniforme de doncella. Él era reclutador y el supervisor de obreros para un importante hacendado, yo fui uno de sus elegidos para la tarea de horticultor. Tenía trece años y un precario esqueleto por la escasez de comida, que diestramente suplía con anchos ropajes heredados o donados, eso me daba igual. Lo que me importaba era el dinero que con el trabajo podría entregar en casa paterna, por lo que  oculté que era inexperto en la tarea que se me encomendaba.

     Nicolás ganaba en fama de violento y hostigador, respetado por el miedo que generaba su poder de otorgar trabajo, entre otras cosas. Al conocerle, no me pareció ni bueno ni malo, alguien inexpresivo cuyo poder radicaba en el foco de atención que su mente considerase para idear un plan. En el primer día de trabajo, ya noté su mano diestra dejarse caer con dureza sobre el mentón izquierdo de mi cara. No servía para el trabajo pero me dio otra oportunidad salva vidas. Me esmeré hasta el límite, y en pocos meses la cosecha emergía, a opinión de Nicolás, raquítica como yo.

     Todo el servicio realizado en los muchos años al arrogo de aquel tirano, dejó secuelas físicas en mi espalda y rostro, sin embargo, no tan profundos fueron sus miserables insultos en mi mente y corazón, a pesar de no entender la tomadura en mi persona. Me llevaba la palma a los no premiados, sin que por ello se libraran los demás empleados de recibir sus atrevidos obsequios. Encontraba la manera de encontrar el punto débil en sus vasallos, para él casi todos, y una vez hallado, allí hincaba el anzuelo.

     Nadie le quería de verdad y todos le temían. Lo que ofrecía Nicolás era temor, y miedo era lo que recibía. El amor, en su auténtica llanura, no lo recibía por no proponerse ofrecer lo que sin duda albergaba en su corazón. Todos conocemos el amor y el miedo, y él quiso inclinarse por el que le diese más valor. La hacienda era un ir y venir de extrañados. Reconozco no saber, qué simpatía de Nicolás emanaba tras su ferro armazón, que había llegado hasta un rinconcito de mí ser. Por él, un hombre que no sabía dar amor ni en pequeñas dosis, sus hijos desconocían de él el roce de sus labios y lo que recibían, palmadas más bien toscas y a destiempo. En mis reflexiones le disculpaba, nadie que no sufra el desamparo del cariño y la autoestima, puede infringir tales carencias, lo pensaba alguien que conocía el afecto mutuo de una multitud. A su funeral asistieron dos docenas de familiares y conocidos comprometidos, y yo.

     Pasaron dos lapsus de mi memoria hasta volvernos a reencontrar. Nicolás había suavizado el carácter gracias al contexto que eligió, y a su posterior regreso a la tierra. Ya no era lo que fue con el cuerpo que le conocí, no obstante, el amor seguía siendo un enigma y se esforzaba en detectarlo. Me ofrecí a venir como hija suya de una manera especial. Mi misión consistía en darle a conocer el amor de verdad.

     Vine con escasa visión ocular y malformaciones congénitas que la medicina tradicional catalogó de poco menos que irreversible. En casa adoraban y cuidaban a la frágil pequeña que mi cuerpo les mostraba. Los médicos avisaron a mis padres del riesgo que correrían los futuros hijos que decidiesen tener, cabría la posibilidad de que si no todos, algún descendiente más desarrollase el temible desarreglo físico. Pero yo no nací en aquel estado a causa de ningún desajuste biológico o terrenal, con lo cual los futuros hijos nacerían con salud. Fue mi decisión, aprobada por Aquellos que mantienen a salvo la Fuente de Inspiración. Era mi última venida con aspecto físico y quería ofrecérsela a Nicolás.

     A mis padres no les importó el vaticinio de los médicos, y comprendiendo que yo significaba para ellos lo equiparado al amor, decidieron tener tres hijos más. A medida que el amor en ellos se extendía en rapidez por el hogar y las casas vecinas, el tiempo para mí se acortaba, me estaba liberando de mi cargo y antes volvería a Casa. Pronto todos pudieron ver a Nicolás derrochando amor por su hija Elvira, la única de sus cuatro hijos nacida para ser ejemplo del amor en los demás.

     Mi padre jamás perdió la esperanza de verme recuperada, su vida la tenía dedicada a mis cuidados, mimos y darme la máxima alegría que compartía con el resto de la familia. Cuando supe, que el cupo del amor habido para ofrecer a mi padre, el Nicolás conocido de otra realidad y prejuicios, estuvo instalado en su corazón y reconocido sus efectos sanadores, me vinieron a buscar y depositaron en la luz que soy ahora. Tenía ocho años. Cumplí con el trato y liberé a mi padre del miedo a reconocer su naturaleza amorosa y sencilla. Le he dejado en herencia para sus próximas vidas, el acercamiento a otros seres con respeto y humildad, y en esta lo está llevando a cabo.

     El sufrimiento de Nicolás es parte del proceso, el amor cuando no se entiende en una versión más extendida, produce incertidumbre y un pesaroso abandono. Yo calmo en ellos la parte que unida a mi luz, reconoce la libertad por la que optamos estar unidos, y pasar por un sendero que de estrecho y dificultoso solo tiene lo que la mente entienda por ello.  

Hoja del diario de; "Un viajero en el tiempo"
Mila Gomez.



viernes, 22 de mayo de 2015

Espectáculo de luces y sonidos




   En los soplos de ocio contemplar extensiones silvestres jalonadas de expresiones vivaces y exóticas, permiten limpiar las áreas ásperas adheridas en mi campo áurico, volviendo a sentir espacios aquietados y negados. En la montaña creo que puedo leer mi camino a la vez que avanzo por las rocas, por los enraizados pinares y por un batiburrillo de brotes menudos con florecillas de colores. Inspiro las erupciones de la tierra y el sonido del movimiento que trae los aires. Extiendo la vista hasta despuntar alguna estrella y persigo el vuelo de los buitres y águilas para recordar, que puedo llegar tan alto como ellos dentro de mi hábitat. Pienso, que el ojo humano está capacitado para integrar la belleza que la Naturaleza con sus paisajes regala. 

En el himpas de la duermevela un atisbo en mí, quiere volver a recorrer el mismo espectáculo, verlo  con otros ojos, con los que no pertenecen al cuerpo. Sucumbo al saludable despliegue de las células hasta verme como quería. Voy al mismo lugar que me ayudó a despojarme de impurezas y me recreo y experimento el secreto de la vida. La Tierra me parece un hermoso planeta y me fundo con sus aromas para que ella también pueda aspirar de mí y sepa, que estoy de su lado y la comprendo.

Esta vez viene a compartir conmigo tan singular unión mi querido Guía Francisco. Ha aparecido entre las luces de las piedras y los flases coloreados de los árboles. Llega hasta mí dejando tras su paso un halo acolchado de luz blanca, el amor que inspira sigue siendo contagioso y sonrío con gratitud. Es una ocasión que sabe, necesito su inmaculada cortesía para orientarme mejor en mi sueño como humano. 

Los escenarios de la montaña cambian sin yo notar los movimientos. Pilares de luz van descendiendo a la vez que me elevo sin llegar a ver sus principios. Tengo la sensación de conocer que los pilares de luz son energía destinada a la Tierra. Cada uno proyecta una coreografía perfecta de luz y sonido, es como si la misma luz tuviera capacidad de expresarse en un lenguaje y que de alguna forma, muy en nuestro fondo, podemos entender por ser igualmente creados con los mismos caracteres.      
 
Francisco indica de entrar en una de las columnas, y siento que se desvanece hasta el recuerdo biológico que al despertar volvería a identificarme. No posee nombre lo que experimento, es como si fuese tan transparente que a través de mí pasa la energía de los colores, las estrellas y los soles. Empiezo a girar sobre mí como si fuera un bucle de cabello, y absorbo igual que una esponja información procedente de algún ancestro luminoso. Al detenerse el generador por el que gratamente fui poseído, un espeso contraste de nuestro mundo me hace verlo triste y apagado, ¿tanto nos condiciona un cuerpo? ¿Acaso nada hay allí abajo que nos devuelva la percepción de lo que somos? ¿Cómo es, que seguimos viviendo en una dimensión tan densa? Detengo ese pensar absurdo, que tan mínimamente cruzó por la mente y resonó en todo el Universo. Tan solo había distinguido una parte del mundo que yo veía desde la perspectiva de un cuerpo.

Francisco tiene el rostro afable, va  a contestarme pronto, sin embargo, en estos momentos felices poco importa nada, salvo cuando regrese a la noria de mi circo, allí abajo, en ese mundo que hemos creado con más esfuerzo que alegría y que al fin y al cabo, es una obra grandiosa en la que hemos participado todos. Un regalo mutuo que nos ha costado entregar y que ahora disfrutamos juntos, apenas un grano de arena entregamos y recibimos en compensación los granos del resto. Somos inmensamente ricos y poderosos. Desde aquí arriba, que no es arriba porque puedo abarcar más parámetros, el mundo en el que vivo me parece una auténtica maravilla, y no entiendo, ni una de las quejas a las que le sometemos. A todo este raciocinio, tan fugaz como el sonido de una gota de agua, Francisco no me respondería, de momento no era relevante sacar conclusiones de mis pareceres. 
 
Hoja del diario de;  "Un viajero en el tiempo"
Mila Gomez 


Un dinero con valor






Es fácil comprobar el valor que se le da al dinero, tan complejo material que nos tiene pillados por el cuello, tan tentador y curioso que nos hace ir tras la pista de algo que aún no existe, no es más que una idea.

El dinero es diestro en atraer prestigio de domingo y amistades de su condición, y te deja avanzar o retrasar en lo que le cuesta prender a un cohete.

Somos capaces de rendirle tributo trabajando con el justo descanso para obtener de él, artilugios baladíes que dejan de interesar al poco, volviéndonos adictos de nuevas propagandas.

El dinero al igual que el resto ofrecido por la vida es maravilloso, que manía tenemos de insultarlo y atesorarlo para que no se nos escape.

Todo lo que queda atrapado pierde la libertad de aportarnos beneficios. 

Mila Gomez 


domingo, 17 de mayo de 2015

POR SIEMPRE DOLÇA


 
                               Hoy has decidido marcharte querida Dolça, la más tierna criatura que jamás mis brazos sostuvieron, y lo has hecho en los brazos de aquellos que tú considerabas tus papás, nos has ofrecido tu último suspiro, mirándonos a los ojos y sin ningún lamento. Te diré mi linda niña que tú has sido para nosotros nuestra hija, la única que Dios nos ha concedido tener, y orgullosos hemos estado y estamos de que así sea. Nuestra gatita pequeña y hermosa, llegaste a nuestra vida como una luz, nos has iluminado el camino y ahora que te has ido, continúas iluminando nuestros corazones. Has sido un alma pura, inocente y perfecta en un cuerpo pequeñito y hermoso. Cualquier cosa que diga para alabarte sería insignificante en comparación con el inmenso amor que nos has profesado en tus catorce tiernos años al lado nuestro. Ni siquiera en estas dos últimas semanas en las que te has ido apagando poco a poco, has dejado de estar presente, con tu belleza y gracia, y con tu integridad de gata. Has sido justo lo que esperábamos de ti, mi bebe dulce, tierna criatura de Dios, compañera de tantas horas y fiel con tu misión; alegrar la vida de dos personas que no llegaron a amarte tanto como tú nos amaste.
 
Sabemos que no querías marcharte, te venían a buscar los Ángeles y te negabas a irte, solo querías quedarte un poco más con nosotros, lo sé, ha sido tu corazón desbordado en amor el que te ha impedido quedarte, pues tu alma ya pertenecía a otro nivel más elevado del que estabas acostumbrada a vivir. Mi niña bonita de ojos azules y mirada transparente, viniste al mundo para hacernos mejores personas, viniste sin subterfugios ni caretas que nadie puede decir que no te conocieron tal y como eras. Nuestro tesoro, diamante en bruto, ¡Cuánto te amamos!, Y ¡Cuánto te extrañamos ya! Has dejado vacía la casa y a nuestros corazones llenos de agradecimiento. Tan inteligente que acudías a nosotros al nombrarte con tantos nombres diferentes; hija mía, Dolça pequeña, tierna niña, bebe precioso, amor mío y un largo etcétera que ahora, me parece corta la lista y seguimos agrandándola para que nos escuches desde tu nuevo hogar. Del resto que nos queda de vida, no hay suficientes gracias; por decidirte quedar junto a nosotros toda tu intensa, amable y adorada vida. Gracias, fiel, amiga e hija Dolça, contigo hemos enviado una parte de nuestro corazón y alma para que te acompañen en la eternidad. Nunca has sabido ser agresiva, has sido Dulce, como tu nombre. Ojalá en una próxima vida volvamos a encontrarnos, y ojalá, que nos reconozcamos. Acuérdate flor mía, cuando llegues a la presencia de Dios, de darle tu nombre y apellidos completos para que Él, te santifique con un cuerpo de linda personita para tu próxima experiencia, junto a nosotros, deseamos, y esperamos que tú también.

Esta noche en el Firmamento alumbra una nueva estrella.
Te queremos, te amamos. Hasta pronto amada nuestra, gatita Dolça.



¿Quién Respira en mí?




¿Quién respira en mí?  -Pregunté a mi Guía "Francisco."
 
Respira Aquel que te sigue a todas partes, que no te deja a sol ni a sombra a pesar de no dirigirle la palabra y que desconozcas su nombre. Es Aquel que aún cuando ya no existas, seguirá no sólo recordándote, también te espera para embarcarse en otra aventura contigo. Es Uno que te ha hecho la promesa de no dejarte perdido en las brumas de la locura. Y cuando comprende que por ti mismo ya no puedes avanzar, te da tregua a que reposes hasta haberte restablecido. No temas que Él te reconocerá, igual que a todos a los que ha conocido, puesto que os desplazáis dentro del mismo viento, sujetos por la misma llama de la vela que sostiene El Espíritu.

No hay pérdida posible para Aquel que respira en ti, y conoce el camino de venida y retorno de tantas veces que se lo has hecho repetir. Tú, sin embargo, sigues sin notar no sólo Su Presencia, sino, que en tu osadía de considerarte independiente, te has olvidado de cuál es Su función para contigo. Te ha dejado una pista en un miembro considerado por ti, de importante, aunque aquí también yerras de distraído, puesto que ignoras a que se debe que se colocara justo en ese punto concreto de tu cuerpo en dónde se halla, lo que tú nombras corazón. Préstale atención y te sorprenderá, eso que escuchas, es el eco de Aquel que respira en ti, ¡es tan profundo, sincero y fiel tuyo!, que recorre sin descanso uno por uno todo el consorcio de tu sistema para que tú, continúes divirtiéndote en un mundo que crees el único. Fíjate como tu cuerpo se mueve gracias a sus latidos, incluso cuando descansas en los sueños, continúa trabajando para ti, y eso sin que le prestes la mínima consideración. Piensa, que si, sin fijarte en la destreza de su acto consigue hasta hacerte bailar, ¿qué no hará por ti si lo escoges de aliado? Puedes empezar por acompañarle unos minutos al día, deteniéndote por su lecho con las manos, ofreciendo y recibiendo aire para el que nada exige.

Lo que si le gustaría, notar en ti, que alguien te da vida, le gustaría que para variar, él fuese a lo primero que saludases, y después, durante el día, ya te iría cautivando. Y le gustaría, para que te sientas mejor, no demorases la presentación. Éste querido amigo, es el corazón, ese miembro tan valorado y que no tiene valor, y su color se asemeja a la vela de la llama que os mantiene juntos, es el que te acerca o aleja de Él mientras respira en ti. Y es a través del amor con que fue depositado en ti, te reúnes con todos los que Él conoce.

Aprende que aparte de respirar en ti, también ama por ti, y el amor, es lo que le alimenta. Si en todos tus actos diarios por insignificantes que te parezcan, ofreces la mano generosa del aprecio, el aprecio torna al lugar de donde salió, es decir, al corazón, éste, al rebosar de alegría, no podrás por menos de sentir amor. El amor, que es un contagio beneficioso, se propagará por doquier, y quien respira en ti alojado en el corazón, se lo llevará a todos los que conoce. Cuánto más seas capaz de sentir amor por todo lo que tú presencia abarca, más luminoso se hará y mejor podrá respirar, si andas con tus rabietas, indecisiones y prejuicios, poco amor van a recibir aquellas personas y tareas a las que dedicas el tiempo. Y él te dará, lo que reciba.

Si tu cuerpo enferma o resiente, se debe a que tienes alguna carencia, y por tanto, al no haber recibido suficiente alimento, no te puede dar aquello que crees te falta. Sin amor, el corazón se marchita. Lo veréis al ir envejeciendo y comprobar que os persiguen las dolencias y rostros de los traumas. Si tú alimentas al corazón con su alimento, el amor, sin olvidarte de su verdadera misión para contigo, mantenerte sano, el corazón te garantiza, que respirarás alegría y bienestar hasta el momento de reposar con Él.
Hoja del diario de; "Un viajero en el tiempo."

Mila Gomez

miércoles, 13 de mayo de 2015

El bien vivir



El bien vivir se complica por no saber calcular su precio. Nos empeñamos en que los demás cambien de dirección cuando todos tenemos establecidos un ritmo, y aquel que cambia por la voluntad de otro pierde el paso y deja de ser el mismo. Y el que cambia porque así lo quiere, vive feliz sin reprocharle nada a nadie. ¿Cuánto dura la felicidad de quien va por un camino trazado por los demás?

¡Hasta nos renovamos a nosotros mismos! ¿Quién no se ha sorprendido alguna vez que teniendo un determinado sentimiento, algo o alguien no le hizo cambiar de opción? ¡Si afinamos el orgullo y la pose para dar buena impresión y destacar ante los demás! Comparaciones son llevadas a un grado de insensatez por presumir de una veracidad anodina.

Construimos descontentos hacía alguien creyendo ser castigados, o culpando de un daño que uno mismo ha causado sin reconocerlo. Nos gustan las quejas y saborearlas con premeditación, nos auto castigamos, saboteamos y desvalorizamos. Cada cual parece vivir en un mundo aparte con sus razones de primera mano. Damos importancia a lo externo, y consumismo la vida en pleitos y disgustos en lugar de extraer su néctar.

Olvidamos dar las gracias a la vida por su contenido, tan extenso, variado y plenario. Al planeta Tierra por acogernos tantas veces y permitir que pisemos en ella para sostenernos. Hemos olvidado que respiramos el aire que el cielo contiene, ese vacío inmenso que está lleno de oxigeno. Al agua, que a pesar de haberla desviado de sus cauces continúa deslizándose por nuestras gargantas. ¡A tantas cosas valiosas que les hemos restado valor! 

Creo, que olvidé cosas importantes las cuales ahora  mantendrían mis emociones estables. La vida es igual de hermosa que mi reflejo, por algo soy proyectista de mi universo. La vida es el juego más excitante y divertido en el que nunca nos hubiéramos atrevido a participar por separado, ha sido idea de todos estar colocados en un determinado puesto de la cancha. Quizás alguno, no esté alentado con su jugada o recibió pelotas que le no iban destinadas, o tal vez, no supo devolverlas debidamente. Por suerte, en el mundo del libre albedrío en el que se vive, se tiene la opción de trasladarse de equipo y manejar la situación desde y, con otra perspectiva.

Algo de esto debe estar ocurriéndome, el juego se me fue de las manos y toca reinventarme para no quedar descalificado. Aún no sé adónde iré a destacar mis aptitudes ni qué será, lo que me ayude a franquear el pasillo, pero sé, que estoy dispuesto a encontrar la salida que nivele mis oportunidades. El juego no termina con la retirada de nadie y yo participo en el juego de la vida.
 
 
Mila Gomez
 

lunes, 11 de mayo de 2015

A orillas del mar soñé.


     

       Fueron unos quince minutos de introspección, imaginando estar en la cálida arena de una playa con un mar en calma y cielo claro. Las gaviotas y el rumor de las aguas con sus pequeñas olas son mi sonido mientras poco a poco, voy alejándome del cuerpo para observar y notar con mayor nitidez mis pies hundidos en la arena mojada de la orilla. Es un instante impreciso en el que pierdo toda la noción del tiempo y el espacio, noto una presión que baja desde la nuca por la columna de la espalda, como si el agua me estuviera tragando, introduciéndome bajo la húmeda arena en donde se asientan los pies.


       Estoy fuera de mí, y algo sorprendida de encontrarme en una gruta subterránea. Es lúgubre, no obstante, me parece todo normal, como si el aire que allí respirase fuese saludable. Voy con seguridad hasta un apartado de la misma en la que, un hombre de pelo largo y cano, de avanzada edad, y una joven risueña de cabellos largos trenzados, me están invitando a acercar.


       ─ ¿Qué estoy haciendo aquí? −Les pregunté en tono formal.


       ─Exactamente en donde querías estar ahora. −Contestó la joven.


       Creo que entendí, pero no lo tenía muy claro, algo debía preguntar que me orientase al final de aquel deseado viaje.
       Mi visión fue llevada a otro lado de aquel mausoleo pétreo. Hacia algo tan espectacular que no sé cómo no lo vi primero, puesto que estaba muy cerca de mis dos anfitriones y era un enorme paquete de trastos viejos. Algunas cosas las conocía, entre ellas una vieja y estropeada freidora que guardaba en mi cocina a la espera de no sé qué. Se me ocurrió preguntar.

       ─ ¿Qué son todas esas cosas?

       De nuevo respondió la joven.

       ─ Ya lo ves. Una colección de aspectos a los que tú les diste valor.

       ─ ¿En qué año estamos? –Pregunté para orientarme mejor.

       ─ Es el año 3122. −Esta vez contestó el anciano con cara afable.

       Allí no me sorprendía nada, y proseguí indagando.

       ─ ¿Quién soy en ésta época?

        ─Eres la única superviviente. –Dijo la joven con una sonrisa.

       He decir que me sentí como si fuese importante. Aquella revelación suponía que era una especie de heroína, yo, de toda la humanidad era la única que aún vivía. Al instante me percaté de que también estaría invadida por la soledad más terrible. ¿Con quién iba a convivir?,  tan solo pensé, y seguidamente sin salir de mi mente quise saber, ¿para qué me iban a servir unos trastos estropeados y viejos? La misma joven contestó telepáticamente.

       ─Te has salvado junto a todas las cosas pertenecientes al mundo terrenal  a las que diste un valor personal.

       Utilicé mi voz, a pesar de no hacer falta.

       ─Me deshice de cosas que aquí ahora veo, rehíce mi vestuario y regalé la ropa que no me servía. ¿Cómo es, que han llegado hasta aquí conmigo?

       El anciano me dejó escuchar su mente.

       ─Lo que ves, es lo que simboliza la naturaleza de tus prioridades. Nada de esto existe. En vuestro mundo, tendéis a valorizar las posesiones materiales, a discutir por ellas y a aferraros a los sentimientos que producen el perderlas. Nada de ello es importante, por si solas no significan nada y lo que engendran, es lo que os lleváis por delante.

       Quise saber más.

       ─ ¿Qué debo entender de lo que se me muestra?

       La joven habló.

       ─Ya llegaste a la conclusión hace mucho tiempo. Has venido para recordarla y te sea de utilidad en la realidad de tu presente. Puedes contestar y regresar con la respuesta.

       Y esto fue lo primero que acudió a mí pensar.

       No quiero ser la única superviviente de ninguna época de mis existencias si a cambio, voy a estar sola. Quiero que conmigo se salven todas las personas que amo, que aprecio y que conozco, que sigan viviendo animales y todas las cosas que nos sirvan para ir cocreando entre todos un nuevo mundo de esperanza. Quisiera salvarme con el mundo entero y con todo aquello sustentado por el amor. ¿De qué me iba a servir ser la única superviviente, si cerca de mí no iba a haber nada ni nadie con lo que poder sobrevivir?   

       ─ ¿Cómo puedo variar este resultado? Exactamente no sé cómo integrar este mensaje.  –Quise conocer, y el anciano me explicó.

       ─Ama a todas las personas que conoces, con respeto y el criterio justo para con sus opiniones. No fuerces a nadie a quedarte contigo y da libertad de elegir sin poner condición. Tampoco te aferres a cosas materiales. Da, siempre da, de ti misma y de todas las posesiones. Suelta el apego y recibe la bendición de todas tus obras. Deja al margen de tu persona a la ira, y cualquier menoscabo a la integridad del espíritu. 

       ─Pero yo amo, y también entrego. –Dije con sinceridad.

       La joven continuó.

       ─ Depón las creencias y los patrones preestablecidos.  No pienses que algo te faltará, el Universo está lleno de detalles y recuerdos para que puedas compartirlos. Si das vacío, hallarás vacío. Sé generosa con la vida y ésta, te seguirá allá donde te encamines.

       Tras una pausa, prosiguió.

       ─Quieres saber, que lo que aquí ves, representa aspectos del ego por los que has sido cautivada. Nunca serás la única superviviente si tu corazón, está unido a otro. ¿Para qué ibas a querer vivir sola?

       Luego, […] Me llevaron a la profundidad del océano.    

 
Mila Gomez.  


domingo, 10 de mayo de 2015

El valor del tiempo. Francisco de Quevedo






  
Tú, por ventura, ¿sabes lo que vale un día? ¿Entiendes de cuánto precio es una hora? ¿Has examinado el valor del tiempo? Cierto es que no, pues así, alegre, le dejas pasar hurtado de la hora que fugitiva y secreta, te lleva preciosísimo robo. ¿Quién te ha dicho que lo que ya fue volverá cuando lo hayas menester si lo llamares? Dime, ¿has visto algunas pisadas de los días?
No, por cierto; que ellos solo vuelven la cabeza a reírse y burlarse de los que así los dejaron pasar.



miércoles, 6 de mayo de 2015

Lo banc de la paciència

 
 
 
 



He terminado la jornada laboral, son la una de la madrugada y voy caminando a casa. Por el camino me detengo en el parque y siento ganas de entrar y sentarme en uno de sus bancos. Es una noche cálida y silenciosa, diría que extremadamente tranquila. Ocupo un banco cobijado por un alto pino cuyo frescor inhalo con agrado. Enfrente hay un busto de un torero famoso y a la izquierda una gran cruz de piedra, de las que se ponen en las entradas de los pueblos. La noche es oscura y la farola de la entrada da una luz mortecina al entorno.

Pienso que vivo un momento para simplemente ser y estar; ser un huésped más del pequeño parque al que la vista abarca por completo, y decido escuchar los sonidos que la noche trae con su silencio. Grillares nocturnos y alguna hoja que se cae, minúsculo sonido que capto. El canto de las aves y a lo lejos, el reclamo de una gata en celo.

Un rumor procedente del estómago me recuerda que no he cenado, y de repente, al desviar la atención me doy cuenta de que también escucho mi miedo. No hay razón y sin embargo, me recreo en las dudas. Cualquier cosa podría asustarme, o alguien que al igual que yo, deambula a la caza de sorpresas mágicas.  No puedo por menos de conocer el miedo hacía alguien o algo que no me ha ofendido. Miedo por escuchar unos sonidos que nunca oigo. Miedo a una soledad acompañada. Miedo al saber que siento miedo de la nada.

Mila Gomez



 

Conectados




Hoy me entero de que "Google+" es la reciente de las redes sociales. No tengo cuenta con ninguna excepto por ésta. A partir del blog ser creado para dar rienda suelta a mis escritos. Un blog que he ido rediseñando a medida que mi curiosidad por estos lares, ha abierto casas bellamente decoradas y ventanas atrayentes en las que observar. Leyendo relatos, historias y una profusa elocuencia de información variada, interesantes y con esmero redactadas. Tampoco tenía evidencia que pudiese haber tanto/as buenos narradores de los pasajes de la vida y ficciones tan entretenidas. Ni mucho menos comunidades que uniese a quienes tuvieran la misma afinidad e inventivas. Mis vistas de inspección siempre tuvieron un aliciente concreto. Reconozco estar pasando por una experiencia novedosa y entusiasta, con alegría de conocer a tanta gente vecina con las mismas o parecidas propuestas, ahora sé que es posible sentir empatía y acercamiento aunque sea de forma virtual.

Esto ha dado lugar a reconsiderar lo que por   obvio tenía, y ahora, se me presenta con mayor enfoque de claridad. Nunca una idea ha tardado tan poco en materializarse como lo está haciendo ahora. Las ideas vuelan, y nunca mejor dicho, ideas creativas que han sido expresadas o bien quedaron latentes en las palabras del pensamiento. Descubriendo que si el creador no acabó por darle la forma adecuada, cualquier otro se ha encargado de darle vida y propaganda. De ahí la sorpresa que nos produce cuando en el mercado del mundo, vemos o escuchamos algo en lo que ya habíamos puesto la confianza de funcionar y ser de utilidad al resto. Venimos a sentir como si alguien nos hubiera cogido la idea o leído el pensamiento.

Un proyecto, una idea, un plan, un pensamiento, todo parece volar a la velocidad del viento y llegarte sin que te des cuenta en un resultado que tú, aún no habías resuelto. Ahora podemos constatar con facilidad que todo está conectado a uno, incluso entre unos y otros tenemos la impresión de haberse establecido más conexión. ¡Hasta la palabra "conexión" nos resulta tan familiar!, que parece que hayamos estado conectados desde siempre.

Los pensamientos, las palabras, las acciones, aparte de ser más creativos son llamativos, capaces de ir en todas las direcciones, expandiéndose y uniendo a otras ideas, a otras mentes receptivas, captadoras de darle forma e impulsadoras de acercarte como un reflejo.

Nos acercamos vacilantes y con el espectro de la duda, sin embargo, nos vamos moviendo, circulando y creando nuevos círculos. Vamos entrando en la espiral del contacto, de la unión y del apoyo que nos atrae, que nos retiene con gusto para poder compartir un proyecto, una idea o un seguimiento de algo que en su momento, no supimos exteriorizar.

Estamos en la era de la luz, de la conexión y el reencuentro con Dios Creador y con el Cristo interior de cada quién. Conectados con todas las ideas del Universo de todos los tiempos y eras. Con todos los pensamientos y mentes, proyectos pasados y futuros. Con lo que de alguna manera fuimos y creamos para estos precisos momentos de nuestra particular historia.

Mila Gomez