sábado, 12 de marzo de 2016

Ensueño de un Bandolero (Parte VIII)




              Tomás se pronunció.    

           ─ ¡Por supuesto! (..) Hace cinco años cuando Teresa embarazada  le fue imposible  ocultar su abultado vientre, se despidió de la casa y marchó a vivir donde su hermana, no sin antes sacarme una buena tajada de dinero para los gastos que se le avecinaban. A los pocos meses regresó, venía sin dinero ni trabajo, por tanto, obligó a que la emplease en casa. Me amenazó que de no hacerlo, le contaría a mi esposa todo lo ocurrido en aquella noche nefasta en la que se me entregó, según ella forcé, y que, a razón de la imprudencia tenía un hijo conmigo. Tuve que convencer a mi esposa de que necesitábamos de sus servicios como segunda niñera. Aquí donde  ve, la muy mezquina, me ocultó la muerte de su hijo, y, aprovechando la amenaza de descubrirlo a mi familia, obligaba a entregarle dinero cada vez que le apetecía, para los gastos del hijo mutuo, se suponía. Sospeché, cuando le insistí en conocer al crío y se negaba una y otra vez. Por tal motivo, sin previo aviso un día decidí ir a conocerlo a casa de su hermana, debería contar tres años cumplidos. Allí me enteré, había fallecido con seis meses de tiempo. Me sentí timado, ridículo, y con una rabia inexplicable que, una vez de vuelta a casa y verla, la obligué a confesar, y no sabe usted, lo que salió por su boca. Tomás sonrió recordando la oportuna e increíble confesión de la niñera, y continuó con un deje de sorna.

            ─ ¡Ha! Entonces tuve mi momento de desagravio, amenacé con contar su argucia y desatino a todo el pueblo para que la despreciaran, y tuviera que marchar con una mano atrás y otra adelante a no ser, que fuera menos arisca y sí, más cariñosa conmigo cuando estuviéramos a solas. Dos años hasta la fecha en  que sospecho  le gustaba tratarme con mucho gusto y mejor servicio, dinero recibía el que pedía. Su engaño y robo, que considero inmerecido, no se lo perdonaré, ahora para colmo quiere robarme la salud de mi hijo Blas.

            Pascual no perdió tiempo en proponer, se hacía imperativo terminar cuanto antes.

            ─ Habla Teresa. ¿Qué tienes que justificar al respecto?

            ─ Su esposa acababa de darle el quinto hijo. Nació con un grave problema respiratorio, la falta de dos dedos de la mano izquierda y una piernecita más delgada que la otra. Todos pensamos que moriría al poco. Por entonces yo era la niñera, al pequeño me lo pasaron a mi cuarto para atenderlo casi sin descanso, lloraba a menudo y parecía ahogarse con cada lágrima, yo apenas dormía. Tomás  llevaba muy mal eso de que uno de sus hijos no fuera normal, según decía. Empezó a beber más de la cuenta. Una de esas noches con borrachera fue al cuarto a ver al niño, el pequeño Blas dormía y yo estaba dormitando en la cama. Empezó a pronunciar su nombre, despacio pero seguido. Blas, Blas, papá viene a verte. Encendí un quinqué, me interpuse en su camino hacia la cuna, le sujeté por los brazos y le dije que se fuera, el niño tenía que dormir había pasado el día con fiebre. Chiss, cállese don Tomas, va a despertar a Blas. Me amonestó severamente y enfadó, o quiso aprovecharse de su posición de amo. El caso es, que sacó fuerzas de la borrachera y me sujetó con una mano por la cintura, la otra la colocó detrás de mi cuello.  Empezó a olisquear, a besarme,  echarme su fétido aliento sobre la cara, el muy cerdo. Lidié por desprenderme de sus brazos, en silencio, utilicé mis pies para darle una patada y debí habérsela dado más fuerte, pero temía que gritase y despertase al niño, o que se produjera un escándalo en la casa.  Entonces él me pegó una bofetada que partió mi labio. ─ Inclinó un poco la cabeza en un recuerdo nada grato y prosiguió.  

            ─ Si, tal vez pude haberlo evitado, el que me condujese hasta la cama y despojase de la ropa, supongo que me dio más miedo la consecuencia de despreciarlo a que me hiciera suya.  Ya imaginas el resto Pascual, quedé preñada.

            Después de una breve pausa cortante,  Tomás habló mirando con falsa condescendencia a Teresa.

            ─ Esperaba que contaras toda la verdad, Teresa, al no hacerlo me veo en la obligación de ser yo quien lo haga. En primer lugar, según tus palabras afirmas que accediste  por voluntad propia a la entrega, confesión que me resta culpa. Aquella noche tuve  un momento de debilidad que nunca debió acontecer.  Además creo, que a partir de entonces tu vida no fue tan penosa, tenías ahorros a mi costa y siempre tuviste la oportunidad de marchar.  Y eso que ocultas se lo voy a aclarar al caballero ahora mismo.

            Pascual tomó la palabra antes de que sus temores de perder a la mujer que creía amar, se vieran reforzados si continuaba disertando Tomás.

            ─De todas formas usted se aprovechó de ella después de enterarse de la muerte del niño, según dice fueron dos años, es usted un canalla sin escrúpulos. Que le diese dinero durante tres años, bien valió la deshonra y el disgusto que le causó. Debió ser muy duro para ella, tan joven, sabiéndose madre soltera de cuyo hombre era inalcanzable. Y el temor de verse sin trabajo ni respeto eso le pesaba mucho. 

            Teresa en su impaciencia por finalizar el diálogo que preveía la perjudicaría,  sonreía nerviosa, intentando aparentar una seguridad de la que carecía. Recuperó la calma a duras penas y con autoridad, habló a su compinche de fechorías. 

            ─ Pascual, tienes que bajar de inmediato para actuar en el teatro de las sombras, esperan a Tomás para ello, si no va, subirán a ver qué pasa. Ten, ponte esto, nadie notará la diferencia, y reproduce cualquier imagen que sepas o recuerdes haber visto. Le alargó la gabardina y el sombrero de Tomás, y con miedo a que su plan se fuera al traste a punto de ser conseguido, apremió.  Hazlo rápido,  no queda mucho tiempo.

            Tomás intentó ganar ese tiempo que le beneficiaba.

            ─ Espere hombre, no sabe lo mejor.  Si amenacé con echarla de casa y contarle a todo el pueblo el embuste si no accedía a mis deseos,  se debió a  su confesión de que el niño no era mío, sino de un novio que por entonces tuvo, perteneciente a otro lugar y que la abandonó al enterarse del embarazo. Yo había creído que el crío era mío por haber nacido antes de tiempo. Creo, que ahora lo sabe todo, actúe en consecuencia.

            Atravesando a Teresa con una mirada de silenciosos reproches, Pascual se dirigió a la salida con las prendas puestas de Tomás. Dispuesto  a llevar a cabo su último trabajo delictivo. Pensando en quedarse con todo el dinero del botín.

            ─ Tápale la boca, Teresa.  Conminó.

            Mientras procedía a obedecer, escuchó que Tomás decía a la mujer.

             Cómo puedes hacerme esto Teresa, ese dinero que quieres llevarte bien sabes que lo iba a invertir en la curación de mi hijo Blas, hay un hospital  en un lugar más cálido con médicos que mejorarán su salud. No tenéis derecho a robarme, te di todo lo que me pediste.

            Pascual cogió por sorpresa a Teresa, le tapó la boca con su cachirulo y ató al lado de su amante. Atados  junto a sus culpas, y él, procuró pensar que se liberaría del mismo pecado.


            ─ Enseguida regreso, quiero hacer las cosas bien.

Continuará...

Mila Gomez.