miércoles, 9 de noviembre de 2016

Adela

Del color de la plata con reflejos azules era la dimensión en la que me encontraba y en la que vi aparecer a Rosa dejando tras sí una neblina dorada. Amiga que me contó el dilema por la que su mente litigaba por el día. Tenía una pariente por la que sentía predilección, preocupándola el estado de soledad y vejez en la que esta creía  encontrarse.   Rosa,  intuía, que en algunas de sus salidas extra corporales a medio despertar entre los dos mundos, le había preguntado cuál era su prioridad aquí en la Tierra y si ella, podía ayudarle en algo.

Preguntas y respuestas fueron expresadas y entendidas, las implicadas sabían los pasos que deberían de dar para hacerse de soporte y quedar las dos conformes en el plano físico.  Rosa al actuar con su mente analítica en nuestro mundo de ilusiones, olvidaba la visita nocturna con todo lo que motivó el que con su otro cuerpo de luz se reuniese con su familiar. Se impacientaba y tenía dudas, el tiempo pasaba rápido y se permitió solicitar mi ayuda, también olvidada al haber sido realizada en donde el cuerpo no tiene cabida y la mente es reacia a recordar. El mundo de los sueños y las fantasías.

Fui con mi cuerpo de luz  a ver al Ser que le causaba tanta preocupación.  

En una realidad onírica la parte de un Karma que me mostró con escenas familiares fue el siguiente; 

    


     En la vida anterior a la que tengo, era la mayor de tres hermanos, mi nombre era Adela, y el de mis hermanos por orden de edad, Santiago y Toña. Me casé enamorada y fui a vivir con mi esposo al común hogar. Al morir mis padres, aún seguían solteros mis dos hermanos, y solos se quedaron viviendo en la casa de la familia. Toña se concedió el papel de ama de casa, y Santiago no tuvo más, que continuar con el que tenía. Para Toña el cambio supuso un descubrimiento alentador, aprendió a organizar un hogar y tomar decisiones que mejor le conviniese.

     Al cabo de dos años Santiago se casó, trayendo a vivir con ellos a su esposa. Toña estuvo encantada al principio hasta descubrir que al tener que compartir decisiones y cuidados de Santiago con su cuñada, iba perdiendo tranquilidad y la gestión matriarcal a la que se había acostumbrado y tanto le gustara, eso la mortificaba. No le pintaba fino ni cómodo el futuro con otra mujer cerca privándola de autoridad.

     Al nacer la hija del matrimonio, a Toña le cayó encima más trabajo y menos decisiones. No le gustó nada haber sido relevada de su condición de ama de casa, tenía tristeza y mal humor. Decidió en uno de sus arrebatos venir a vivir conmigo y mi esposo.

     ¡Claro que la acogimos!, yo entonces estaba pasando por una etapa difícil, no era capaz de quedar embarazada y la ansiedad vino a engordarme para sentirme fea. Toña suponía mi salvación, necesitaba de alguna forma descargar el infortunio que padecía a otra mujer, y a quién mejor que la propia hermana.

     Mi relación marital revestía congoja y silencios cargados de reproches, el candor con el que me enamoré perdía credibilidad. Nos faltó redescubrir el amor que aún nos sostenía. Con cada notificación que el cuerpo señalaba volver a empezar, todo parecía contrariado y falto de solución, volviéndome irritable y desconfiada. Me dejé cuidar y consolar por mi hermana, también mi esposo se acogió en sus desvelos.

     Toña pronto se identificó con el papel de pacificadora y diversas ocupaciones en su nuevo hogar, se sentía imprescindible, la única que con su acertado manejo ponía orden y calmaba mi desazón por no poder concebir. Quiero decir que Toña se esmeró en afectos que para mi esposo, en contraste con mi desairado abandono, sucumbió con pocos ruegos al fogoso amor que Toña, creyéndose enamorada, abrió las sábanas de su cama para yacer juntos. Yo me enteré cuando Toña se quedó preñada. La rabia que sentí encaneció los cabellos que desprendidos, se enredaban con los de mi hermana entre los pliegues de nuestros dedos. Tiros de ofensas y recriminaciones borraron todo lazo familiar para las dos. Sentí que la tierra tragaba viva y no alcanzaba asidero con el que poder incorporarme y salir a respirar de nuevo.

     Veníamos de otras relaciones fallidas en anteriores vidas, y continuábamos sin comprender ni solucionar las diferencias que volvían a unirnos.  
∞∞∞∞∞

     Marché con el despecho a vivir con mi hermano Santiago y su nueva familia a la casa que por ser de los padres, consideraba mía. La sobrina fue el gran alivio que en esos momentos apuraba mi salud psíquica, en ella volqué la atención y disfracé el dolor de madre. Santiago y su esposa eran buenas personas, sinceramente apenados por la situación, dejaron que me adjudicase un papel de madre de la niña, supervisando sin mucho enojo lo contrariado de algunas decisiones.

     Tenía que sentirme valorada para que mi autoestima tomara forma olvidando el gran desengaño y pena. Sin querer tomé el control de la vivienda amparada por la lástima que daba. Me convertí en reflejo de Toña sin apenas enterarme.

     Santiago en las discusiones sobre el adulterio, siendo hombre lo veía distinto y se abstenía de juzgar, las dos éramos sus hermanas y quería por igual. Sus palabras llevaban amago de provocar culpa en mi esposo, diciendo que fue él quien sedujo a Toña con la intención de tener un hijo puesto que yo no se lo podía dar. Recalcaba además, que el descuido físico engordando desmesuradamente, repercutió en que no me deseara, y ya sabes, Adela, el hombre es débil en carne, aunque tu esposo pudo haber tenido coraje. 

      El que Santiago no defendiera avivaba el mal carácter castigando con ello a la familia y dando más pena de la que por sí daba. Sus sentimientos  estaban revestidos de compasión y miedo por si tenía la ocurrencia de organizar alguna locura. Y de tal estilo de vida fuimos forjando carácter y costumbres. 

     Lo que fuera verdad o no, derivó en una creencia y asalto a las emociones más primitivas, ligando a los tres hermanos por el Karma de nuestras memorias a una nueva encarnación que actualmente vivimos, y en alguna forma compartimos experiencias.


     Te explico y sin el denso cuerpo que me cubre lo veo diáfano y con sentido mi retorno, pero cuando entro en él despertando, nada queda de la verdad que sé, ni siquiera llego a comprender, en la conciencia de mi Ser, qué fue lo que me propuse desempeñar al elegir de nuevo convivir con los que fueran hermanos y ahora, con distinta versión de sus talentos. 

Continuará con la vida actual de Adela.

Hoja del diario; “Un Viajero en el Tiempo”



Gracias.
Mila Gomez.