sábado, 4 de marzo de 2017

Distorsiones









Sombras

Seis noches consecutivas huyendo de lánguidas sombras  que tratan de atraparlo en la pesadilla. Encontró manera de evadirlas y llegar a su mundo a través de pulsar el interruptor de la luz que nunca encendía nada. Se despertaba envuelto en sudor, un sabor salitroso en la boca y con el corazón al filo de un infarto.

En un  mal sueño escuchó lamentos de aquellos días pretendidos olvidar, cuando apodado El Negro Tesorero de una infernal guerrilla sentenció a muerte a quiénes inútilmente negociaban por su defensa. Esa noche, es perseguido por su oscura conciencia. No pudo encontrar el interruptor de la luz, y quedó en tinieblas a la espera de escuchar las alegaciones. 

***
Dudas

Cada mañana nada más levantarse se miraba en el espejo en busca de esa belleza en cuerpo y alma que los demás decían vérsela. Ella no veía nada excepto dudas y un espejo que mentía. Por lo que creía no era suyo y el deseo de reconocerse, con aparente seguridad lanzó contra el vidrio su frasco de perfume, favorito de  él, rompiendo en pedazos el espejo y dispuesta a recomponer la vida a su antojo. 

***
Símbolos

Reconocía tener aversión al número 6,  al 66,  al 66, 6, terror al 666. Era obsesión,  a veces pánico comprobar que en la mayoría de letras al sumar su valor e incluso a la fecha de su nacimiento y en las matrículas de los coches que sumaba, saliera el fatídico símbolo al que ya consideraba diabólico y portador de su mala suerte. Vivía en tal estado de tensión que su vida estaba condicionada por la mala fortuna. 

Fue sin querer, que cayera al suelo el libro de la estantería y quedase abierto por su página final 666, desde el otro lado pudo claramente ver el 999.  Se le ocurrió pensar que tal vez, la vida la estuviera viviendo a través de una  desenfocada visión. 

Mila Gomez. 


Nota: 
Los primeros micro relatos con tan pocas palabras que escribo para publicar. La idea de compartir alguno fue de  +Julia C.   compañera bloguera y estimada amiga que me lo sugirió y acepté encantada. Me sentí a gusto mientras los redactaba y acordaba de ella. Este post se lo dedico con mucho cariño. Gracias, Julia. Espero que os hayan gustado. 


domingo, 26 de febrero de 2017

Tu y Yo




Si tú me dijeras que esta noche
la luna caería en mis manos yo te creería.
 
Si quisieras que te acompañase
a los confines del mundo te seguiría a ciegas.

Si juntos tuviéramos que surcar los mares
en una canoa, cada uno tendría
un remo con el que avanzar.
 
Y si, por equivocación entrásemos
en un infierno oscuro, de la mano
iríamos encendiendo las luces
del paraíso.  

A. 
Carlos O. M.
Mila Gomez. 

sábado, 4 de febrero de 2017

La Petición


En un sueño claramente escuchó.

Hola, María, yo soy, La Voz.
Tengo en Tierra a un anciano que se resiste a partir, posee una dureza en sus sentimientos poco común en el planeta.
No hay nadie que quiera responsabilizarse de él.
Ni lo quieren ni lo necesitan.
Su tiempo expiró y sigue en lucha por mantenerse muerto.
No voy a obligarle a partir y te encontré como alternativa.
Lo voy a enviar a ti.
Deberás recibirlo.

María preguntó a La Voz.
¿Para qué me lo entregas a mí?
¿Qué tengo que ver con su problema?

La Voz dijo.
La resistencia que él tiene a partir es igual a tu dureza por la vida.
Los dos os resistís por lo mismo, al derecho a que la vida fluya. 
Si tú eres flexible él lo será para marchar en paz.

María volvió a preguntar.
¿Qué mejor modo tengo de ver esta nueva situación?

La Voz dijo.
Míralo como un regalo que yo te hago. 












¡Cuánto odió a ese hombre!
Tiene la desfachatez de presentarse en su casa sin previo aviso, y con esa sonrisa burlona que tan despreciable siempre le dirigió.  Anciano y aún queriendo mantenerse joven con ese atuendo deportivo, si hasta su carnet debe de tener arrugas.

Por muy pasados que tenga los ochenta o a punto de morir, nunca le iba a perdonar que no acudiera al funeral de su esposo. Prefirió la caza por una viuda rica que se mofó después de él, cuando fue ella quién lo desplumó.

Nunca la aceptó por ser madre soltera de dos criaturas, que su hijo se casara con ella y responsabilizase de esa familia con amor, fue para él una deshonra. En consecuencia y por desobediencia, el padre castigó al hijo desahuciando de la empresa familiar. Prácticamente sin nada para ofrecer a ese hogar mestizo al que iba a vivir y por el que se alejaba de él.

Durante los tres primeros años se dejaba caer una vez por Navidad para darle un sobre a su pobre hijo, y mirar de reojo y burla a la que consideraba tan distinta de su ideología e idiosincrasia. 

Después quedó viudo y se lanzó a ensalzar su vanidad.

Nunca más supimos de él, salvo por las noticias que su hijo me traía a través de unas hojas de diario con la foto del magnate.

Hablé con él para comunicarle que su hijo había fallecido, solo preguntó la hora, pero equivocó el día.  Hoy no es día de visitas, y menos de una tan desagradable.

¿Cómo iba a perdonar a ese hombre que aunque padre de su marido le negó hasta el respeto? A causa de su dureza tuvieron días de hambre y dolor. No quería verlo y ahora estaba entregándole un sobre, ¡a ella!, y citándole una última secuencia de su vida.

Un cáncer por el que pagó para camuflarlo la herencia de su único hijo y el bienestar de una familia, a duras penas sustentada.

En el sobre estaba la foto de una triste casa que él le entregaba a ella y a sus hijos, a cambio de que se fueran a vivir con él mientras el cáncer marchaba de otra manera. 

Y seguía con la sonrisa burlona, autoritaria y despreciable de siempre. ¡Cuánto lo odiaba, ni vivir feliz le permitió! Si al menos se hubiera interesado por saber qué fue de la familia de su hijo.

No, no, no, decía mientras lentamente le cerraba el paso y la puerta por la que entrara.

Una voz infantil, cantarina y curiosa se colocó entre los dos.
Él preguntó antes de dar el último paso.
¿Quién es?
La mujer contestó.
Es María, la nieta sanguínea de su hijo fallecido.
La niña preguntó al hombre.
¿Quién eres?

Una luz en la mirada dulcificó la sonrisa del anciano, como si toda la soledad y la culpa padecida se hubieran disipado al contemplar a la criatura. Al fin valió la pena descorrer la cortina del orgullo aunque solo fuera por ver los ojos de su hijo en aquella hermosa, ángel, una sola vez. 

¡Hola, María, yo soy (…) tu bisabuelo!

María al observar el rostro de fervor recordó la petición de La Voz.
¿Allí estaba su regalo?
¿Era la pequeña María el lazo de unión, o fue que el Amor hizo acto de presencia?

Los dos tenían que conocerse para entender.
El daño asumido ninguno de los dos lo podía llevar a la tumba. 


***
En ocasiones no entendemos ni el por qué ni el para qué de estar viviendo una determinada y angustiosa situación, nada más hay que comprender que si la vida nos la trajo, es nuestra para mejorarla y convertirla en un regalo. Todo tiene un sentido lógico al que no le debemos dar demasiadas vueltas. ¡Relájate! y observa el acontecimiento como muestra de una elección en la que podría estar tu propia  liberación. 

Gracias. 
Mila Gomez.