domingo, 19 de noviembre de 2017

Alma Gemela


De la red. Imagen de la pintora "Mariella Kampoy"


Eones, que Mikaela nació por primera vez. En aquella, y posteriores retornos venía acompañada de una guía igual a ella. Cuando la confiaba y depositaba con ternura al cuidado de la familia elegida, revelaba a la que tanto se le parecía como si recordarse por sí misma. 


Previamente los progenitores me inculcan las primeras e importantes creencias con las que me acostumbro a convivir y ser sentida. Luego vienen otros asegurando saber y creo. Algunas creencias las mantengo fielmente de por vida, llevo en la última exhalación y traigo en nuevo bostezo establecidas como patrones. Conservo la herencia genética de antepasados que no existen a mi vista. Admito como mi credo lo que encajo y ejerzo el protocolo tal veraz seña. 

La sociedad ética-cívica por cuya firma me identifico contribuye para que no falte ocasión de queja, efímeras alegrías o algo más o menos. El mundo entero y entorno en el que me muevo  ofrece suficientes razones para justificar el miedo o abrigar amor con diversas impresiones entremedio. Inverosímiles acontecimientos de los cuales me siento separada o unida al conjunto. 

La vida me parece una noria que gira constantemente en una viciosa y ocurrente locura. 

Conozco gente que fortuitamente, pasan de largo con pocas palabras, se quedan por un tiempo o puede que por vida entera que, dependiendo de mi particular credibilidad me permito la arrogante cortesía de enjuiciar cuando comparo maneras con las mías. Estas personas razonadas también de sus formas a las que sumo banalidades, situaciones emociones o sentimientos, brindan opciones de conocerme en debilidades y fortalezas. Quedo con algo o ignoro. 

Otorgan posibilidades de depender y apegarme a lo interesado o necesitado pudiendo ver a la humanidad como distinguidas dogmas heredadas o contagiadas. Me sobran oportunidades de aumentar, disminuir, variar o eliminar creencias percibiendo el derecho o deber de ofrecer “malo por bueno” o viceversa sin conocer la autenticidad del otro. 

Mantengo mi existencia dentro de una fantasiosa realidad que imagino paralela con variopintas disyuntivas. 

Viajo con, o sin dificultad, por un acceso incomprendido creyendo en casos, “diferente.” Es posible que me dé igual, depende de mi ánimo y seguridad, porque he creído en lo correcto e incorrecto albergando dudas. 

A veces creo ser merecedora de lo que sostengo en cuerpo y mente, acepto el reto y la responsabilidad a pesar de lo inconsciente del para qué y parezca una idiotez. 

Experimento dolor, sufrimiento, impotencia, y el prematuro devenir del cuerpo si infrinjo alguna ley implantada por el sometimiento o sistema de mis creencias. Tengo que vincularme con el orden establecido. Moralmente mi alimento es sano, de lo contrario caigo y levanto gracias al optimismo y esperanza que se saben  dentro del gran juego. Consigo manera de avanzar aunque de pronto crea que no es la mejor vía. 

Me equivoco y continúo por otro tramo que confunde con su elegante vista. Los regalos de felicidad que la vida me obsequia, van desvaneciendo para que otros ocupen su lugar. Y así voy, en pos de la eterna serenidad.  Este resurgir vuelve a ser mi cegada visión de la vida. 

Entonces existo en una línea continua que está sellando el sino  mientras descubro de a poco la realidad idónea que hace ser libre. Libre al fin de conocer el significado del pecado, la culpa y todos los bendecidos errores que ayudan a enriquecerme en el tiempo, soltando lo que no tiene gracia.  


Escucho una voz interior suave y amorosa a la anterior que llega a través de un profundo ombligo. 

El conocimiento está a salvo en una zona de la mente en donde simplemente, yo soy. Lo enseñado aprendido y practicado es para observar la vida en su versión falseada y tengo oportunidad de experimentar la creíble verdad cuando distingo con claridad la escucha que emite mi frecuencia interna, opuesta a la disonante y absurda que viene del exterior. 

Advine muchas veces, no soy forastera para que de nuevo, impongan movimientos y coarten controlando mi actuar o pensar en base a unas ideologías preestablecidas que sin querer o queriendo, acompañan como subyugada basura. La verdadera verdad está a mi disposición. Puedo elegir en cada instante la jugada que permite salir airosa del juego en el cual fueron clausurados mis recuerdos originales y desterrar los que oprimieron. 

Si me pierdo entre la burocracia o sinrazones, ante la confusión y caos masivo, la búsqueda interminable por hallar paz y felicidad, me otorgo licencia para, con honestidad y benevolencia borrar lo que escrito quedó grabado por haber creído, de nuevo, aquello que la tradición pretende que reviva; el dolor padecido, la melancólica tristeza, impotencia de no poder llegar a más. Inseguridad de no saber qué, miedo a lo desconocido a lo conocido, dudas, lo absurdo del proceder…

Dejo de buscar para saber conseguir o desear, soy anfitriona de mi estrella y transformación interior. El hallazgo se encuentra de mí, ¡a tan solo otra creencia! 

En la quietud extraigo la esencia de la vida. Tengo alas que no se ven, pero puedo volar a favor de su dirección.



El ser humano es más grande y poderoso de lo que se le ha hecho creer, ¡ES GRANDIOSO!  Se le ha reducido tanto que en ocasiones es incapaz de creer ni en sí mismo. Pero siempre tiene la posibilidad de cambiar y redefinir su vida acomodándola a su mejor relato. Todo lo tenemos al alcance de una buena observación. Nada ni nadie nos podrá desposeer de lo que llevamos adentro a no ser que aprobemos el cautiverio de quienes están interesados en fragmentar la unión.


Mila Gomez.