sábado, 17 de agosto de 2019

La Página




Antes de abrir la puerta se prepara para encontrar la llave adecuada.

Sumida en quietud, ante su intrínseca mirada aparece la página. Caminó por líneas de  largos párrafos y repasó. Algunas letras sobraban otras debían estar impresas. Encontró errores, frases reiterativas en acciones e interrogantes acusadores. Palabras a las cuales no pudo dar nombre ni sentido. Espacios vacíos de recuerdos, desorden en el contenido. Sin razones y absurdos razonamientos.

La voluntad oscilando por la buena intención ella avanza pasos, luego retrocede, así, una y otra vez. Atascada en el bien desarrollo.
A medias consciente.
Descuidó la presencia en buena parte del camino.
Se da cuenta.
Es su evolución.
Está aprendiendo y cree, en saber corregir las faltas.

Acudió a Su Superior de editorial.
De la hoja entrega;
Emociones sentimientos y poses que olvidó de observar para conocerse mejor.
Lo que hirió por carecer de sano humor.
Palabras sin saber afrontar más las expresadas sin pensar.
Impaciencia por cosas que se saborean.
Vacilaciones.
Perezas.
Miedos.
Culpas.
Oportunidades postergadas.
Creencias obsoletas en las que confió y no le cambiaron como esperaba.  
Todo lo que la memoria quiso traer de su día con cubiertas de oscura energía.

Está soltando, dejando ir, liberando.
Algo en ella va desapareciendo.
Siente paz.

La página, ha quedado con clara lectura y justo en el punto final, descubre la llave para introducirse al mundo onírico. Escribirá una abstracta, y al despertar, estudiaría con atención los signos traídos.

Creando el día en una siguiente blanca.



Mila Gomez






Gracias Julia C. Cambil  por haberme animado a participar en la sección de microrrelatos de EL TINTERO DE ORO. Gracias, David Rubio, por tu generosidad y buen hacer en tu blog.

domingo, 16 de junio de 2019

Descanso






Qué puedo decir
que no sepas de mí,
si no tengo prejuicios.
Me da igual
 si me ven las aves,
el perro del vecino
o los gatos del prado.

Hago y deshago
y todo está bien
pues no conozco
 las tontunas del juicio
ni los qué dirán. 

Ahora  echo una siesta,
 despertaré cuando apetezca.
Tengo tiempo,
soy tiempo
soy vida
y siempre,
 ¡estoy de vacaciones!


***

Descanso bloguero, acompaño a Isis de vacaciones, ya veré cuánto aguanto su ritmo. 
Entretanto, sed felices en vuestro tiempo, es vida a cada instante.

***

Quiero dejar aquí una frase que hoy, a causa de una determinada situación, alguien a quien considero mi maestro me ha dicho; 
VIERES LO QUE VIERES TE CONVIERTES EN LO QUE VIERES. 
Gracias, entendí. 



Mila Gomez

lunes, 22 de abril de 2019

Paseando

Hay un montón de letras sueltas dentro de mi cabeza que no quieren ser leídas ni ver la luz siquiera, bien sea por desidia o que no es su hora de salida. Indican estar impresas en la memoria de las células como energía almacenada, inerte impulso bajo las yemas de los dedos, escondidas entre los pliegues de la lógica/ emocional. Flotando a la deriva en un mar de tinta negra, sin forma propósito ni dirección fijada.
Aliento a brotar con seguridad, portando argumentos que sepa leer para imprimir líneas bonitas con sus voces. Liberarlas de alguna horma.
Detenidas ante las puertas del no tiempo.
Hundidas en el abismo de las palabras.  
No salen.
No se unen.
No despiertan del letargo.
A veces siento escuchar lánzate al agua para rescatarnos, o, déjanos estar hasta llegado el momento adecuado mientras permaneces atenta a nuestro fluir natural.    




Mila Gomez

domingo, 31 de marzo de 2019

La Insensatez de Laura




A causa de una insensatez repetitiva Laura desea morir. Tantas llamadas a la muerte que esta abrió una puerta y a punto estuvo de cumplirse el desatino. Laura quedó escarmentada durante larga temporada en la cual recuperó cordura. Creyendo olvidada su propia profecía vuelve a insistir con ver al de la guadaña. La figura tan insólita como inesperada, un día le asestó buen golpe y a Laura el inconsciente le queda en blanco.

El Amor de un hombre, en un suspiro la llevó delicadamente a una estancia pulcra de un mundo lejano y depositó en camilla de metal templado, venía vestida con amplio pijama níveo y él cubrió con sábana fina del mismo color y suave tacto. Rodeada de noble luz y paz envolvente, Laura en su mente escucha la serena voz de una mujer haciéndole preguntas.
De entre todas, recuerda;
        ¿Quieres morir como tantas veces has deseado?
Laura sin titubeos responde; No.
        ¿Quieres vivir? 
De nuevo contesta a la voz pues no ve a nadie;
Sí, quiero vivir pero de otra manera.

A continuación pasan a repararle el cuerpo e insuflar vitalidad al espíritu sin que Laura sienta molestia alguna. Una vez sanada, la voz le habla de unos planes, objetivos que ella debe llevar a cabo para su transformación en la realidad que vive y señalando al hombre que la trajo le asegura; Él estará contigo
Laura entiende y acepta. 
El Amor regresa con ella a la existencia conocida.

El cuerpo de Laura va cicatrizando mientras el espíritu mantiene la información. Desde la mente va recordando de a poco fracciones inconexas que aplica a pesar de los, algunos grandes obstáculos, su voluntad es más fuerte que cualquiera de ellos y va consiguiendo vivir de otra manera tal y como quería, siempre, confiando en el hombre que con su amor la salvó de la insensatez y ahora lo tiene con ella permanentemente, afianzando el cambio y dando sentido a la vida, suya. 
Con él, gran amor de sus vidas.


Mila Gomez




viernes, 1 de febrero de 2019

Un Cambio



Nunca hubiera imaginado que viviendo tan a gusto en Barcelona el destino tuviera la gracia de ofrecerme la oportunidad de residir en una zona rural, acepté el reto, de eso hace 17 años. Poco a poco he ido conociendo el lugar y al día de hoy estoy encantada con la Naturaleza tan a mano, con sus cercanas montañas, campos, pueblos y gentes con una peculiaridad especial, vistas espectaculares y un cielo en donde el aire me trae aromas antes desapercibidos. Haciendo balance diré que he encontrado más pros que contras. ¿Y quién me iba a decir? Que aparte de otros manjares que da la tierra también recojo Lavanda. ¡Qué maravilla! 

***
Comprendo que los cambios son un proceso de adaptación, ahora toca cambiar el perfil de Google Plus por otro, es por ello que agradezco la comunicación y enriquecimiento que me habéis regalado con vuestra calidez y afecto. Espero y ojalá, la amistad continúe dentro del blog además de encontrarnos y continuar juntos en otras redes.
Gracias por haber rozado mi corazón en tantas ocasiones. 
Gracias por ser y estar. 

 Seguiré por G+ hasta su cierre definitivo. Entretanto;

Dejo enlaces donde podemos seguir compartiendo, ¡tantas cosas! 




En uno de mis presentes, recogiendo lavanda.




Mila Gomez







viernes, 25 de enero de 2019

Un Salado Día



Bélgica. "Estatua Knokke."

Albergaba esperanza ser amado de igual modo a como él la quería; A su puerta llamó unas cuantas veces, ella sonreía mientras se hacía a un lado y dejaba entrar. Conversaban sobre la cotidianidad de la vida, de las suyas, provocando sentimientos, risas, complicidad. Sus miradas se encontraban al principio alto turbadas, las manos rozaban ¡sin querer! El corazón escuchaba los latidos del otro. Él no se atrevía a ir más allá de lo deseado. Ella esperaba asentada en la timidez e incertidumbre. Nunca hubo promesas tampoco intenciones malsanas o engaños. Un licor de hierbas tomado a pequeños sorbos y un par de cigarrillos duraba la visita.

Colocándose el sombrero con destreza se decía en la mañana; cubriré de caricias y besos su cuerpo hasta que sienta mi amor suyo. Por la noche dormía junto a la imposibilidad de la duda.

Un salado día despertó sin la esperanza y encaminó sus pasos por  vía contraria, llamó impaciente nadie abrió ni dio bienvenida finalmente la puerta cedió. De la casa solo emanó pasión de abandono. Había desaparecido la estimada dama.

A partir de entonces se conformó con contemplar las mareas en compañía de la sola desesperanza. 





Mila Gomez
















martes, 15 de enero de 2019

La Caja





De mi país e infancia evoco la miseria, sufrimiento el hambre o el castigo, no conocí mejores calificativos ni sentimientos en mis primeros tres años de vida, posteriormente continuó de la misma manera clausurado dentro de un sucio y destartalado orfanato repleto de criaturas que al igual que yo, vivíamos con la angustiosa esperanza de si aquel sería el bendecido día para salir de allí. 

Teníamos prohibido hacer enfadar a unas personas que proclamaban ser juiciosas admitiendo que nos cuidaban por nuestro bienaventurado futuro. 

Restricciones todas excepto obedecer órdenes de lo contrario, si conseguíamos alterar los nervios a sus señorías por algo, según nivel de ira producida nos recluían  mínimo veinticuatro horas en un viejo cuarto sin vistas tan pequeño como una gran caja de cartón, dentro, una raída manta y una palangana para el uso de las necesidades fisiológicas. La caja en sí,  contenía los aromas del terror que otros antes que un infeliz como yo respiraron y que, una vez metido en aquel cuchitril, una oquedad por la que una luz mortecina filtrada de un angosto pasillo, anunciaba que aún seguía vivo. A través del trasluz, una vez al día me dejaban, juraría que con desprecio, un vaso de agua con sabor a fritura y un pedazo de pan, tan duro que una vez rompió un diente, otras veces mantenía la sensación de tragar algo fibroso con textura viscosa. (Ahora sé que eran las esporas surgidas del moho,) ello producía horribles picores durante el tiempo que volvía a acostumbrarme a ellos, a pesar que cada vez eran más intensos y extraños y un estremecimiento de asfixia iba apoderándose de mí lentamente. 

No quería volver a la caja, ni tampoco quería hacer nada aparte de obedecer como un autómata. Mi cara se olvidó de ofrecer sonrisas y mis labios casi siempre estaban sellados. Comencé a verme natural, al igual que a mi extrema delgadez al no ser el único que presentaba los mismos síntomas de desahucio. Nada  importaba a excepción de dejar de respirar que por otro lado era lo mejor que me podía pasar.

El día que me lavaban el cuerpo en un cubo de metal con agua jabonosa y esponja que de suave no tenía nada restregando a fondo cuerpo y pelo, era el más alegre y a la vez más temido, aquel en concreto  fue indiferente. Contaba diez años de los cuales siete encerrado en donde un mal día mentalmente empecé a llamar casa de los desamparados.

Las familias con verdadero interés en adoptar ya fuera a niña o niño preferentemente, infantes, pasaron de largo durante mis años de calvario y diría que con pena o asco, no sabría discernir, ante aquel pequeño mocoso presentado con el nombre de Abed que sonreía bobamente con la esperanza de ser el elegido.  

Un día de presentación ante la posibilidad de ser adoptado, la serenidad manifestada en mi semblante era tan ingenua que me mostré ante los posibles padres sin albergar en la mente ninguna ilusión y sí conformidad. Tan solo pensé por un instante aquí estoy de nuevo, me da igual a quién escojáis, pronto dejaré de respirar, luego silencié el pensamiento como si estando presente no advirtieran mi presencia.

Quizá fuera la transparencia de mi aceptación de ser, lo que produjo en aquella pareja joven y guapa merecedor de escuchar mi silencio y comprender. (Tiempo después, me dijeron que antes de las presentaciones, los dos al unísono depositaron su mirada en mis ojos. ¡Ya era suyo!)

Me llevaron a vivir con ellos a España, durante el trayecto ellos sonreían, preguntaban con ternura y obsequiaban con alimento y medicinas entretanto yo escuchaba, asfixiaba y rascaba por todo el cuerpo abriendo más heridas en mi escuálido esqueleto con escasa carne.

Pasó el horror y quedó una experiencia como recuerdo, nada más. Mis padres adoptivos cuidaron y mimaron hasta que recuperé la salud y el ánimo con un cariño tan desconocido para mí, que al principio me pareció antinatural. Tengo un hogar, padres, dos hermanos y una hermana también adoptados. Una familia cimentada en el amor a la que no pude por menos de adorar al poco de llegar. 

Cuento veinte años y el niño que sufrió tanto llamado Abed ahora es un hombre alegre y feliz que alberga confianza de que otros seres en igual situación de abandono al que padecí, encuentren lo que yo habiendo dejado de buscar encontré. Un verdadero hogar. 

Gracias a la generosa vida que me envió  amor justo en el preciso momento antes de perecer en un infierno.


Mila Gomez. 

* Relato publicado en el libro. 
Universo de Esperanza. Lucha por la Vida.