sábado, 10 de diciembre de 2016

La Especialidad



Profesor, escuché muchas veces “conócete a ti mismo”. ¿Cómo puede alguien conocerse en su totalidad?

– ¿Acaso no te conoces?

– No lo sé, creo que me faltan detalles. A veces creo conocerme en una opinión ajena, cuando alguien dice algo que lo hubiera dicho yo en una ocasión similar. Hay también, esos actos que veo ejecutar en muchos conciudadanos y allegados en los que mi actitud hubiera sido actuar de la misma manera. Pero no sé qué pensar. Pronuncié estas últimas palabras con un deje de abatimiento. Algo achicado por mi falta de tesitura.

– No resulta fácil conocerse como a uno le gustaría, si bien siempre, te puedes proponer conseguirlo a través de los demás.

– ¿A través de los demás? Repetí sus palabras algo confuso. ¿Acaso todos somos distintos e iguales a la vez?    – Induje al profesor a una repuesta concisa.

– Mira Sebastián, la gente por no saber decir algo mejor, comenta unas veces que todos somos iguales, y  otras, nadie es igual a nadie, ¿tú entiendes esto? ¡Claro que no! Porque hay confusión. Unos han sabido ver que todos hemos salido del mismo molde, y la otra parte, aún se cree mejor que nadie. Y a la postre, todos nos sentimos  especiales.

– Yaa, bueno, ¿Y cómo puedo saber que yo soy de especial igual al resto? Esa sería la única manera de conocerme a mí mismo en la especialidad. – Dije casi sin saber lo que decía.

– Conocerse en la especialidad sería como verse reflejado en cada uno de los demás. Hay especialistas en miedos y los hay en amor. Mira, todo aquél, que te haga sentir algo, para ti tiene un nombre, rabia, celos, alegría, vergüenza… Ahí te está demostrando que te conoces, pues de otro modo no hubieras sacado dichas conclusiones.

– Creo que lo entiendo profesor, nadie tiene o deja de tener nada que no pueda tener cualquiera.

– Exactamente. ¿Conoces la teoría del espejo, aquella que dice que puedes verte en el reflejo del otro?  Seguro que sí.    – Contestó por mí, y pregunté.

– ¿Qué de verdad hay en eso?

– Al igual que ocurre cuando te miras en el espejo, al estar tú con alguien, el que tienes enfrente siempre te está diciendo como eres, en algún momento del encuentro vas a tener una opinión de su proceder, para tus adentros o expresados, bien sea “es envidioso”. Al emitir un juicio estás admitiendo saber algo, que por fuerza has de poseer. ¿De qué otro modo podrías conocer la envidia si no la hubieras experimentado en ti? Los juicios son emitidos por el ego para hacerte creer que te libras de lo que juzgas.

– Pero hay personas que en verdad son envidiosas, ariscas y dañinas. ¿Quiere esto decir que yo también lo soy?

– ¡Claro que no! ¡Pero las has reconocido! Y en tal caso habrá alguien, que así te considere en algún momento de la vida. Es muy fácil, si tú, nunca llegas a sentir algo así como, la envidia, nadie podría considerarte envidioso, puesto que en ti no existiría. ¿Cómo va a existir para ti, algo que no sientes? ¿Qué ni siquiera tuviste el gusto de conocer?

– (…) Tras una pausa prosiguió.

– Al igual que el espejo te devuelve tu reflejo, otro hombre te devuelve lo que le reflejas, que justo es, lo que juzgas en ese hombre. Positivo, negativo. 

– ¿Qué puedo hacer, en el mejor de los casos, para conocerme bien?

– Para empezar te diré, que cuando llegues a conocerte a través de lo que te transmiten los demás habrás dejado de conocerte a ti mismo, al haber traspasado el umbral de la verdad y llegado a la *unicidad. Entretanto y practicando, usa los dotes de la mente para imponerle presente. Esos pensamientos y voces de juicios con los que calificas a los demás, son sin duda una característica que se encuentra en tu naturaleza humana, bien sea que lo encuentres  inteligente, es  lo que te verás en su reflejo por estar él, mostrándotelo.

– A ver si lo entendí, profesor, si estando con un amigo, o enemigo, según se mire, y yo lo he considerado, juzgado, de … vanidoso, ¿La vanidad  la tengo viviendo en mí?  ¿Incluso si no la veo mi especialidad?

– Sebastián, en mayor o menor medida,  puedes conocer la vanidad  tanto si la utilizas como si solo la apruebas. Tienes dentro de ti cantidad suficiente de ingredientes especiales para poder vérselos en los demás y que ellos te hagan de reflejo. ¿Verdad que si te pregunto por una fruta específica que nunca comiste ni viste responderás no conocerla? Pero, si dicha fruta un día te la mostraron en una foto, y quedó grabada en ti su hermosura, el no de tu respuesta estaría recubierto de grato recuerdo, suficiente para reconocerla. Con la vanidad  pasaría similar, en proporción a tu recuerdo habitaría en ti, si es muy lejana, te rozaría muy poco. Y al reconocerla sabrás, que has de ser mejor en humildad. 

­­­­– ¿Y alguna sugerencia, profesor? Para darme cuenta de las virtudes y sus contrarios, y sepa éstos, ponerlos a favor.

– Si te reúnes con otro que en el trato te demuestra, porque así lo ves, una descortesía, estuviste atento para percatarte del estado que experimentas al observarte, ten por seguro que la virtud que necesitas desarrollar en ti es la cortesía. El juicio que le colocaste al otro es un reflejo de tu carencia. De tal estilo, si percibes lo cortés, será que la cortesía ya la tienes registrada en ti. 

– ¿Y él? ¿Que se supone que aprende?

– Todo se puede aprender en el momento en que se decida hacerlo, para algo la vida es la mejor escuela y proporciona el tiempo necesario para ello. Por el otro no te has de preocupar, cuando en ti resida la cortesía, te será más fácil vérsela en él. Y sin proponértelo, los dos habéis adquirido la especialidad de ser cortés. 




Gracias.

Mila Gomez. 

Nota:
La palabra *Unicidad, según el diccionario de la Real Academia Española, significa; "cualidad de único"