lunes, 3 de octubre de 2016

En el Aire



Los pensamientos, las palabras, acciones y cualquier sentida emoción, queda registrado en la atmósfera. El espacio está lleno de todo con lo que vibramos, la energía que enviamos y recibimos, lo que transmitimos de continuo ya sea de forma deliberada o inconsciente. Energía en movimiento somos y por tal es lo que hay.

El aire que respiramos contiene cada impronta de lo que hacemos, decimos o callamos, si supiéramos, por haberlo aprendido, ver la energía en forma densa el aura la podríamos interpretar, el color de luz proyectado indicaría nuestro obrar, lo unidos que estamos al ser todos los que respiramos el mismo aire, lo influenciables y condicionados que llegamos a ser los unos de los otros. Competimos de manera irreflexiva por llevarnos la mejor parte del aire, lo notamos, aunque no sepamos de dónde viene el “buen aire”.  Contribuimos integrando en el ambiente nuestro malestar o bienestar. 

En la mente se encuentra el mayor depósito de energía en forma de pensamientos, una poderosa fuerza que se transforma en hechos y enviamos al cosmos para que éste, con su lógica universal del orden los distribuya. Lógica que no es la nuestra, pero si la que incluye al Todo en el que somos.

Un hecho:  

Manuel ha discutido con su esposa y ha salido él perdiendo, se ha cargado de una emoción de rabia que antes no tenía y la descarga en la primera persona con la que se encuentra. Más tarde, es posible que a causa de esa rabia mal dirigida, un animal de la calle reciba una patada o desprecio, que incida a que una planta sea cortada de su raíz sin una buena intención y de ella ya no crezca alimento, o un niño le propine una bofetada a otro sin venir a cuento. La mala energía sigue en el aire y todos la estamos respirando en pequeñas dosis, o alguien que ya tenía encima una sobredosis, sea capaz, con facilidad, de matar por ella. Y Manuel nada sabe de haber "contaminado el aire".

También es posible, que Manuel no le dé importancia al hecho de haber salido perjudicado en la discusión con su esposa, y tome el hecho con divertimento. Su energía es benévola y saludará con cortesía a quién se encuentre por la calle, ese día el ambiente está sereno, se percibe bienestar. El aire ya no es viciado a causa de una pérdida enjuiciada y el Universo hace distintas reparticiones. Todos salimos ganando aunque él siga sin saber "que se respira aire puro" gracias a su correcta elección.

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El Universo conserva las vibraciones que produjeron los sentimientos, las emociones, el dolor o la alegría, el miedo o el amor que experimentamos. Cada fibra sensorial que se nos pasa por alto está siendo registrada en la "memoria celular colectiva", por mucho que hayamos negado u olvidado. Son los recuerdos que no recordamos o no queremos recordar y que a pesar de todo continúan siendo activos. Es bueno contribuir a que dicha memoria sea sanadora y retribuida de tal forma, que todos seamos beneficiarios de su “buen aire”.

Vigilemos desde nuestros pensamientos a cómo damos forma a las palabras, a su tono, al sentimiento que tenemos por algo y al comportamiento que le sigue, a las acciones que realizamos cada día, a todo un seguimiento de lo que somos y por lo que se nos conoce. Todo queda en un recuerdo inolvidable. 

Actuemos con mejor y mayor consciencia ya sea en el trato hacia uno mismo. 

Estemos despiertos, en lugar de ir saltando de una ensoñación a otra. 

Mila Gomez.



Nota;
La mayor parte de la reflexión que han leído, fue, hace algún tiempo, un comentario que le hice a mi buena amiga +Julia C. en una de mis publicaciones anteriores. Tuvo la santa paciencia de leerlo entero y, me aconsejó que hiciese un post con el mismo. Me alegro de haber seguido su consejo. 
Gracias, querida Julia.