miércoles, 24 de junio de 2015

Lánguidas figuras de humo




        

Pintura de "El Bosco"
        Al fin llegamos a Labora, el pueblo que junto a familia que ahora tengo, estuvimos establecidos en dos vidas pasadas. 
        Estoy a punto de entrar en mi nuevo hogar, una casa que parece asentarse cómodamente en el pasado sin reciclar su vetusto armazón. 
       Empinadas escaleras con baches me llevan a un interior con suelo áspero de damero. Los techos altos abovedados, revestidos de maderos y finas hebras de telarañas meciéndose. Con puertas de color chocolate, estrías y virutas cuarteadas en la madera. 
        Olfateo las paredes transpirando el humo de los últimos leños que la caldearon durante el invierno. Ahora está fría y húmeda igual que el día, y no tiene nada, que me recuerde a la que dejo en la ciudad. 
        Aquí voy a vivir, en una casa con la que soñé hace tiempo y me esperaba. Una vivienda a la vieja usanza que con su mirada me transportará a otro siglo, me ayudará, a descifrar el misterio que mis acciones y la de otros, compartimos en aquella época lejana y olvidada.

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        Al poco de instalarnos me di cuenta, que la casa no estaba lo que se dice "vacía", presencias esquivas y molestas amedrantan por la noche. Almas en pena atrapadas entre los dos mundos deambulando por las estancias, a la espera de encontrar la tan ansiada paz que desconocen poder encontrar por sí mismas. 
        Seres iracundos con apariencia de manifestación burlona, surgiendo de la nada en la apacible noche de los sueños con sus lánguidas figuras de humo. 
        Entes desposeídos de sus carnes que se enfrentan con su propia conciencia de peso equivalente a su carga psíquica. 
        Desde su nuevo anclaje es la cadena imaginaria que les impide obrar de otra manera, saben que no son mortales y cuentan, con infinitas posibilidades de crear trazos paralelos, algunos se divierten y no quieren retornar a un cuerpo, para otros es una purga que tratan de mejorar con remedios a su alcance. 
        Viven en un espacio a la espera de encontrar su identidad, piensan que la libertad se la ganaron al salvar la distancia que dista desde el fenecido cuerpo a la espiral que ocupa forma.
        Vivieron con uno y viven sin él en otro paradigma, con un poderío que apuesta por la confusión y el miedo en sus acciones.

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        En el silencio de la noche durmiente, el hogar se agitaba con oscuros presagios y temores, con burlas y habilidades centradas en llevarse la esencia que de mí, salía a su encuentro para ayudarles.
        Entidades que seguían el rastro que dejara mi implicación con los conocidos de la época de Labora. Yo estaba allí para verlos y escuchar sus alegatos y en casos, su prepotente soberbia cargada de amenazantes sentencias. 
        Sabían de mi sensibilidad y parco conocimiento para encararlos, era para ellos una dosis de energía que necesitaban para encontrarse mejor, avanzar y dejar atrás la intensa oscuridad de sus dominios.

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        Arrastraron mi cuerpo de energía  hasta el umbral en el que habita el dolor y la más insensata ignorancia. 
     Me llevaron a cavernas y abismos inimaginables de espanto y sujetado mi alma con grilletes. Azuzaron el miedo que bajo mi luz yacía como una sombra. 
     Me envolvieron en ellos para impedirme regresar, y estiraban de mis piernas cuando asustado, me refugiaba en el abrigo de mi cuerpo, agradeciendo a la vida despertar sobre un mullido colchón. Ocasión tuve de creer, quedarme extraviado en sus delirantes dramas dantescos. 
     María acostada al lado mío, despertaba angustiada de una incongruente pesadilla de persecución. Eso me enfurecía, logrando con ello su jactanciosa victoria.

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        Vinieron una y otra vez y me enfrenté a su desaire mil veces seguidas, hasta que mi Guía Francisco me instruyó para servirles de ayuda y yo me reconfortara también. 
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        Han pasado varios años y sus visitas se han ido esparciendo, ahora vienen a verme con otro color.


Hoja del diario de; "Un viajero en el tiempo" 
Mila Gomez.