jueves, 19 de noviembre de 2015

Una vida como Templario



Me mostraron...
Observé y escuché...
Sentí que estaba siendo yo...
Y lo supe.








     Tres vidas atrás, allí me remonto y en el mismo lugar en donde me he vuelto a parar ahora, en este presente de interrogantes y filosofías. Y así, de esta manera viví aquella historia junto a los mismos transeúntes que a diario me cruzo, de nuevo aquí, en lagunas.

     Otrora cometí errores graves causando  dolor y aflicción, hay que saldar las cuentas del caballero que fui. Retribuir mis pagos allá en dónde mis vuelos nacientes me posaron con cariño, y unas heridas tienen que sanar. 

     Edad Media, primeros años del siglo XIII. Siendo Maestre Templario acudo a Lagunas con un escudero. El pueblo natal y en el que residía mi familia era cercano  y pertenecía a la misma provincia, conocía bien los caminos y a unos cuantos  asaltantes aviesos de botín y fechorías, lo que daba preferencia a que fuera yo, encargado de cumplir con la misión. 

     A unos ciento veinte kilómetros aproximadamente de Lagunas, se descubrió una pequeña cueva con la imagen de una virgen adentro. Devotos, que por entonces necesitados de fe acudían a adorar las milagrosas apariciones, empezaron su peregrinar atravesando la comarca deteniéndose por los pueblos próximos. 

     La Orden del Temple conocía a los regentes del castillo de Lagunas, me enviaron allí para  proteger, y conducir hasta la cueva a los peregrinos que pasaban por allí. No fueron muchos y éstos distanciados a los que amparé, una larga temporada que permitió realizar mi trabajo y conocer a los habitantes que encantados con mi comparecencia, me otorgaron la oportunidad de ayudar de mil maneras diferentes y consuelos, era para ellos un valiente ejecutor de los designios del Señor. 

     Entretanto me hospedaba en la casa castillo de Lagunas, allí los ilustres y distinguidos comerciantes celebraban reuniones sociales de diferentes índoles, algunas amenizadas con suculentos banquetes y distracciones. En la primera reunión oficiada a la que asistí conocí a María, acostumbrada a pasar frecuentes temporadas en Lagunas visitando a sus familiares, coincidí en una de sus estancias. La acompañaban su esposo y una hermanastra, Marcela. Nuestros ojos se encontraron al unísono y por segundos desaparecieron las demás caras y decorado, no supimos como reaccionar y agachamos la vista al suelo, igual a descubiertos en medio de un pecado.

     Siempre tuve  claro lo que significaba mi cargo y gustoso y en aceptación desempeñaba, nunca planteé la posibilidad de enamorarme, ni siquiera imaginaba pudiera existir un ser tan bello dotado de voz y cuerpo, no obstante fue conocer a María y descubrir al instante el amor en su persona, a ella le pasó lo mismo. La situación comprometida en los dos es bastante obvia, ligada a la separación de nuestro cada día más ardiente y acelerado amor. 

     María  pertenecía a la clase señorial, era observada por mil ojos y maneras diferentes, fuese donde fuese era el foco de atención. Por mi parte sucumbir a su amor significaba perder la vida, uno de los votos que juré obedecer a la Orden fue la castidad. Sin embargo, ¿Cómo negar, ocultar, y apartar ese amor descubierto sin escucharlo ni entregarse a él, cuando todos los poros del corazón estaban abiertos a la entrega? Era una locura que nos hacía enrojecer de pasión e impotencia. 

     Un día el azar y las coincidencias nos dejaron a solas  para que nuestros sentimientos se encontraran y conociesen, a partir de entonces nos fue imposible negar la tentación del amor, y nos entregamos el uno al otro pese a todo pronóstico funesto. Los encuentros eran preparados con la complicidad de su hermanastra Marcela, en una de las casas vacías de la familia.

     Nos amamos con la desesperación de quien sabe ha de terminar la expresión sublime de semejante amor a destiempo. Nuestros cuerpos y Almas expresaban su voluntad hasta en el más íntimo rincón olvidado. Llegamos a amarnos hasta en la imaginación.

     Había en Lagunas un hombre aburguesado, taciturno y solitario enamorado en secreto de María, si bien no para ella que cansada de rechazarlo y deseando alejarlo de su vista, le había amenazado con contárselo a su esposo si volvía a molestarla. Éste, viendo el peligro que corría si se llevaba a cabo la amenaza de María, optó por alejarse de ella sin dejar de acechar sus pasos; pendiente de ella conformó su desdeñado amor. 

     Olvidados de él, pendientes el uno del otro nos centramos en nuestro amor y furtivos encuentros. El hombre que no la perdía de vista mientras podía, nos descubrió e ideó un plan de venganza para su amor enfermizo. Se propuso robarme los hábitos de Templario, y en la oscuridad de la alcoba pasarse por mí ante María que sería al fin, como anhelaba, suya en carne. 

     Así fue que al entrar en la casa de los encuentros me esperaba espada en mano, y lógicamente tuve que defenderme. En plena absurda lucha entró María y Marcela, la entrada de las mujeres bajó mi guardia y el adversario aprovechó para herirme en un costado. Acto seguido encaminó sus pasos por entre las mujeres y salió herido de rabia. Marcela aconsejó a María se quedara a mi lado mientras ella iba a buscar ayuda. El secreto fue manifiesto.  

     El castigo que se impuso al osado fue el máximo que en aquella época se esperaba, lo empalaron. En cuanto a mí, la Orden no se privó de castigarme de palabra y obra, eso sí, se me perdonó la vida. Fui expulsado de la Orden durante varios años y me exilié en otra provincia, allí rehíce mi vida al lado de Inés, una mujer a la que quise mucho y a la que no tuve tiempo de amar mejor. La Orden me encontró y volví a ser admitido, exactamente fui obligado a ocupar un rango inferior al antepuesto, era el pago por habérseme perdonado la vida en otro momento.  Abandoné a Inés sin saber ella el motivo.

     María quedó tan afectada, que poco le importaron las represalias que asumió con sinceridad ante su esposo, confesando nuestro amor.

La riqueza, la religión y la posición que ostentaba, hicieron que fuera  perdonada, olvidado el adulterio  y siguiera con su vida atada a los intereses comunes de ambas familias, empero, debajo de las sonrisas se ocultaban  desavenencias y juicios envenenados.  

     El corazón nos quedó desgarrado y ya nada importaba como íbamos a vivir a partir de entonces. Los cauces a los que desembocaron los respectivos destinos fueron alterados por nuestro acto, dejando secuelas que tarde o temprano se tuvieron de enderezar sin estar nosotros presentes ni juntos.  


Lagunas es significativo y especial
a mi memoria celular, fue aquí que
conozco a Francisco. Su mirada honesta
se posó sobre mis ojos como si me
hubiese reconocido de otra vida aún
más ancestral. Los dos estábamos de paso,
él tenía la misión de salvador de Almas que
cumplía a la perfección. Tuve el
gratificante honor de verle y deleitarme
con sus oratorias y subliminales
mensajes, además de contar con
 su compañía en algunas
 de las escoltas a peregrinos que realice.
Desde aquella su última vida terrenal,
es Compañero  Espiritual de mis
andaduras terrenales.

Continuará con la siguiente y segunda vida al lado de María. Clica Aquí.

Hoja del diario de; "Un viajero en el tiempo"

Mila Gomez.