miércoles, 16 de marzo de 2016

Ensueño de un Bandolero (Parte final)


          

             Bajando las escaleras.

             Escuchó las notas de un piano tecleando “Para Elisa”, una conocida melodía que gustaba escuchar a su fallecida esposa, cuya imagen visionó junto a sus hijos y amigos en torno a un fuego, clamándole en vítores que  actuara.

            Todo parecía tan real que el bandolero Pascual, apodado “El Floro” se emocionó.

            Observó la sala de juegos llena de caras sonrientes y pequeños alborozados por la diversión. Comían, bebían, hablaban, todos parecían felices a la espera de un nuevo pase de figuras en la que intervendría el anfitrión. Se fijó en los cinco hijos del matrimonio sentados uno al lado del otro, jugando y animando al pequeño e indefenso Blas. ¡Se le veía tan frágil!

            De nuevo se acordó de la familia que un día tuvo, también con esposa y  cinco hijos,  del mismo juego  que organizaban por Navidad, el teatro de las sombras animó muchas de ellas.  Sin querer, una lágrima resbaló por la hirsuta barba al recordar a Elisa. Y se pensó.

            ─ Va, qué más da, ya daré otro golpe mejor.

            Igual que sin ser visto entró en la casa, de la misma manera se dio la vuelta y encaminó a la salida principal, sin testigos y en silencio. Ajeno se llevó una gabardina gris y un sombrero negro, camuflando con el atuendo su recia figura en la noche parda.

            El camino estaba seco, polvoriento, su apurado aunque satisfecho caminar le produjo calores. Se deshizo de las prendas y sintió más liviano, ya nada tenía que no le perteneciese, y el romance con Teresa se difuminó en el recuerdo.

            Se sobrecogió al comprender que volvería a caminar solo por la vida, quién sabe por cuánto tiempo seguiría importándole la soledad. 

            Los pensamientos se tornaron dispersos mientras la alborada coloreó su visión, todo quedaba en un pasado irreconocible. Ya no era quien fue y se preguntó adonde estaría el nuevo camino.

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            Vio cubriendo el vasto Firmamento con intensas luces, de las copas de los árboles descendían guirnaldas amarillas, rojas, violetas y azules resplandeciendo por el bosque. El estanque de los gansos cubierto de nenúfares y escarcha rosada se formó en segundos ante sus atónitos ojos.

            De pronto comenzó a tiritar y el sol dejó de brillar, calentar. Miró al frente y observó las colinas moteadas de un blanco impoluto, pensó que serían ovejas acercándose a su encuentro.

            Aquel fornido malhechor se tambaleó, lo que parecían ovejas se convirtieron en copos de nieve, al instante la llanura y todo el mundo que conocía se vistió de un blanco nevado. Y se dijo.

            ─ ¿Es posible que haya estado caminando sin descanso  desde el verano? No tuve hambre ni sueño. ¿Cómo he llegado hasta aquí? Ni siquiera sé en dónde me encuentro. A no ser… que ahora mismo esté soñando, de ser así, ¿Qué puedo hacer para saberlo? ¿Alguien puede decirme que hago en éste páramo desierto? Gritó con todas sus fuerzas a los cuatro vientos.

            Y éstos respondieron con los ojos de un halcón conocido.

            Pascual dejó de temblar y sentir miedo por nada. Todo estaba ordenado y en paz. Consiguió liberarse de la última tentación que pudo condenarlo, y su espíritu, voló feliz junto al Halcón.
           
            Su cuerpo fue encontrado, frío y con cara sonriente en la celda de una prisión de Castellón. 

            Había cumplido con su misión. El Ensueño del Bandolero  nunca tuvo realidad, pero pudo haberle sucedido.

FIN

Mila Gomez.

Si quieres leer la primera parte Clica Aquí.



Relato ficticio. Espero haberme acercado con la narración al período en el que vivió el bandolero “El Floro” 1858-1919. Entre otras muchas cosas e intereses, y teniendo en cuenta que cada época sigue teniendo por desgracia o suerte mucho de las anteriores, en aquella,por robar una gallina a los bandoleros les metían en la cárcel. Y jóvenes sirvientas eran incapaces de decir un "No" al señor de la casa. Algunos "amos" aún hacían de valer el derecho de "pernada". La prioridad, en ambos casos, comer y dormir en un lugar decente.