miércoles, 13 de abril de 2016

ISIS



Solo podía ser su pequeña, la que dejase rastros por el suelo y él se despertaba para sentirla mejor. Fugaces instantes del silencio nocturno con sus pisadas. 

Durante días, el aire se respiraba a felina, justo ahí, donde sabía que la respiraría.   

La dulce presencia tenía que encontrar la manera de ser sentida. Quería que supiera que seguía en su otra vida y presente también en la que fuera su vida, junto a él.

Unas noches venía aún más en silencio, por lo que solo se la podía presentir en un arrebato de luz dorada. Una figura chiquita con forma conocida que se enroscaba junto al corazón del hombre, con una calidez exquisita y un amoroso ronroneo de connotación celestial.   

En ocasiones hablaban con idioma universal le decía y él entendía, que era ella Ser evolucionado y no volvería con el mismo propósito de felina, si no, con uno de especie humana.

Su marcha le había dejado triste y sabía que la extrañaba, tanto, que venía en Ser brillante a visitarle. Estaba bien, y él debía estarlo porque le amaba y se brindaba en ayuda.
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Así fue, caminando un día por la calle los pasos del hombre siguen a un curioso cascabeleo. Esos ademanes de felina femenina que tanta gracia le hacía cuando la tenía en su vida. ¡Creía que era ella!, tenía que serlo se decía y adónde le llevaría tan grácil figura, cruzando calles y caminos y él solo la veía a ella tan dulce y linda como siempre sería.

Le condujo a un lugar apartado bajo el asfalto de un inmueble, protegido del viento y los charcos de las últimas lluvias. Quería coger y abrazar a la pequeña querida a la que seguía sus pasos, ella se escapaba del abrazo difuminándose por entre las grietas del cemento. 

Cuando llegó, su dulce felina le muestra algo que silencia sobre papeles. Se acercó y distinguió un cuerpecito en ovillo yaciendo en una cama de papel amarillo, que bostezó al ser acariciado y estremeció del calor humano.

Vio como su amada pequeña le miraba con esa pureza de quién no conoce malicia. Estaba en cuclillas con una hermana de su felina en las manos. La Dolça dulce se acerca para que le haga mimos y ella le ronronee.
Una ayuda recogida que ella se lo agradecía.

Él comprendió que la esencia felina, por siempre la respiraría, aún después de haber tornado ésta a su otra vida. Sus Almas siempre seguirían unidas.  

Mila Gomez. 


Por la Gracia de DOLÇA





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